En Hasta que la muerte se disfraza, el autor Danilo Quartiero Filho propone una inquietante reflexión sobre los crímenes ocultos en las relaciones más íntimas. En su primera novela, el escritor construye un thriller psicológico que explora las dinámicas de poder, control y silencio en la vida matrimonial, cuestionando cuántas muertes pueden pasar desapercibidas por parecer naturales. En una entrevista, Quartiero habla sobre la construcción de una narrativa marcada por la ambigüedad moral y la incomodidad, donde el peligro reside no en lo extraordinario, sino en lo cotidiano.

Hasta que la muerte se disfraza parte de una idea muy inquietante: crímenes que pasan desapercibidos precisamente porque parecen naturales. ¿En qué momento esta provocación se convirtió en el punto de partida de la novela?

Esta provocación tomó forma cuando me topé con una estadística que me llamó la atención: en 2023, aproximadamente 40.000 muertes fueron registradas oficialmente en todo el mundo sin una causa definida, según estimaciones de salud global. Sin armas, sin lesiones evidentes, sin pruebas sólidas, solo cuerpos inmóviles, certificados incompletos y, a menudo, silencio. Esto dejó de ser una simple curiosidad y se convirtió en una preocupación más profunda. Como ávido lector y cinéfilo, ya me había topado con varias historias que exploran la idea del crimen perfecto, especialmente aquellas ambientadas en un contexto personal. Pero aquí había algo diferente. No se trataba de ocultar un crimen bien ejecutado, sino de algo que quizás ni siquiera se perciba como un crimen. Fue en este punto donde se consolidó la idea del libro: no investigar quién mató, sino plantear la pregunta de cuántas muertes nunca se cuestionan.

Elegiste situar la tensión en el espacio íntimo del matrimonio, donde el afecto, el control y el silencio coexisten de forma casi imperceptible. ¿Qué fue lo que más te interesó de explorar este territorio delicado y ambiguo?

Desde los albores de la literatura, el espacio íntimo siempre ha sido un terreno central para explorar el conflicto humano, aunque de diferentes maneras a lo largo de la historia. Las relaciones afectivas, especialmente dentro del matrimonio, conllevan naturalmente capas de expectativas, poder, dependencia y percepción. Lo que me interesaba era precisamente esta superposición. El entorno que debería ser de confianza es también, a menudo, el más vulnerable. Y es ahí donde ciertos comportamientos logran establecerse sutilmente, casi imperceptiblemente. Al introducir tensión en la relación, la historia comienza a operar menos en el ámbito del evento y más en el de la percepción: en cuánto de lo que parece cuidado puede, en realidad, ser control.

Naomi es un personaje que vive prisionera en una especie de jaula sofisticada, construida no con violencia explícita, sino con manipulación y contención. ¿Cómo fue construir esta opresión silenciosa dentro de la narrativa?

El reto consistía en construir esta opresión sin recurrir a elementos obvios. No hay un punto de ruptura claro, sino una suma de pequeñas interferencias que, aisladas, podrían parecer irrelevantes. La idea era trabajar con la progresión: mostrar cómo las decisiones, las dudas y las percepciones se dirigen gradualmente. Esto crea una sensación de confinamiento que no es físico, sino perceptivo. Para el lector, esto es importante porque no hay un único momento de revelación. La tensión se acumula gradualmente, casi imperceptiblemente, hasta que se vuelve imposible ignorarla. Y también hay un aspecto importante del proceso creativo: en cierto punto, la obra comienza a cobrar vida propia. Los personajes dejan de ser meramente guiados y comienzan a revelar la lógica interna de la historia, como si ya existiera un camino preestablecido, esperando ser descubierto.

La metáfora del bonsái es una de las imágenes más impactantes del libro, ya que evoca simultáneamente poda, belleza y control. ¿Cómo surgió esta imagen y qué simboliza para ti en relación con ciertas relaciones humanas?

El bonsái surgió como una síntesis visual de lo que quería representar. Es, a la vez, bello y limitado. Requiere un cuidado constante, pero este cuidado busca mantener la forma y no permitir un crecimiento descontrolado. Esta idea de algo cultivado para aparentar armonía, pero que depende de una contención continua, me pareció una representación muy precisa de ciertas dinámicas. En el contexto histórico, el bonsái simboliza precisamente eso: el mantenimiento de una apariencia de equilibrio a costa de la restricción.

Danilo Quartiero Filho
Danilo Quartiero Filho

El libro parece cuestionar no solo qué constituye un delito, sino también aquello que la sociedad prefiere ignorar. ¿Hasta qué punto aborda esta historia también formas sutiles de violencia que a menudo se normalizan?

El libro no intenta responder directamente a esta pregunta, pero inevitablemente la aborda. Hay situaciones que, al no ser explícitas, terminan integrándose en la vida cotidiana. En los últimos años, en distintas partes del mundo, se ha ampliado la perspectiva sobre las dinámicas más sutiles de las relaciones, casi como una lupa que ilumina lo que antes pasaba desapercibido. La narración se relaciona con este movimiento, no para afirmar ni categorizar, sino para plantear una pregunta: ¿hasta qué punto se ha aceptado sin cuestionar lo que se considera normal? Esta pregunta, en sí misma, es un elemento central de la historia.

Al transformar elementos cotidianos de la vida doméstica en amenazas, se crea un suspense psicológico casi imperceptible. ¿Qué te atrae de este tipo de terror que surge de lo cotidiano, en lugar de lo extraordinario?

El horror extraordinario, especialmente el sobrenatural, suele ofrecer una especie de alivio al final. Hay una sensación de distanciamiento, porque sabemos, hasta cierto punto, que no pertenece a nuestro mundo. El suspense que surge de la vida cotidiana funciona de manera diferente. No ofrece ese consuelo porque proviene de algo plausible, reconocible. Son situaciones que podrían ocurrir, que ya han ocurrido y que, de alguna manera, nos rodean. Este tipo de tensión me parece más duradera. Es similar a la sensación que tenemos cuando sabemos que una historia se basa en hechos reales; no termina con la narración porque sigue siendo posible.

Usted proviene del mundo empresarial, y eso se refleja en la construcción de los personajes y en las complejas dinámicas de poder. ¿Cómo influyó su experiencia profesional en la escritura de esta novela?

El entorno corporativo me brindó contacto directo con estructuras complejas de toma de decisiones, influencia y poder. En ciertos contextos, especialmente donde la competencia es más intensa, las relaciones dejan de ser meramente funcionales y comienzan a operar de manera altamente estratégica, a menudo al límite de lo aceptable. Existe un dicho popular que afirma que «en el amor y en la guerra, todo está permitido». En algunos entornos, esta lógica se manifiesta no explícitamente, sino a través de la orientación, el contexto y el posicionamiento. Esta percepción terminó influyendo en la construcción de los personajes. La dinámica no es directa, sino estructurada. Y, en muchos momentos, lo que está en juego no es lo que se dice abiertamente, sino lo que se dirige sutilmente.

En lugar de respuestas fáciles, héroes obvios o villanos caricaturescos, tu libro se centra en las zonas grises de la mente humana. ¿Qué esperas provocar en el lector al presentarle personajes moralmente tan complejos?

La idea era precisamente evitar lo obvio y lo caricaturesco. La realidad rara vez se organiza en extremos tan claros. Los personajes se construyeron bajo esta lógica: nadie tiene razón absoluta ni está completamente equivocado todo el tiempo. En muchos casos, lo que es justificable desde una perspectiva puede ser inaceptable desde otra. Si el libro logra provocar este cambio, es decir, hacer que el lector cuestione sus propias certezas y se dé cuenta de que los límites no son tan definidos como parecen, entonces ya habrá cumplido su propósito.

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