En medio del ritmo acelerado de la vida contemporánea, la poeta Cristina Sobral propone un gesto de desaceleración en «Bajo la Luz de un Nuevo Antes», una obra que ahonda en las zonas más sensibles de la experiencia humana. Con versos marcados por la economía de palabras y la densidad imaginativa, el libro indaga en temas como la memoria, el silencio, la pérdida y la reinvención, mientras la lírica femenina transita las angustias del mundo actual. En la entrevista, la autora reflexiona sobre el proceso creativo que surge del silencio y la observación profunda, revelando la poesía como un espacio de escucha, reflexión y encuentro con aquello que a menudo permanece indecible.
En “Bajo la luz de un nuevo antes”, presentas la poesía como un espacio de pausa en un mundo marcado por la prisa. ¿En qué momento personal te diste cuenta de que escribir también era una forma de detenerte y escucharte a ti mismo?
Empecé a escribir poemas a los trece años, pero siempre sentí la poesía como algo que me llevaba a lo más profundo de mí mismo, y también a lo exterior y más allá de mí mismo, algo que hacía que mi mirada penetrara en lo obvio en busca de la esencia de las cosas. No buscaba una explicación racional del fenómeno poético, simplemente lo experimentaba. Pero el arte poético nunca fue el único camino en mi proceso de autodescubrimiento. A ello se sumaron la meditación, el conocimiento intuitivo, el arte pictórico —que aporta asombro y alegría en la expresión sin palabras—, la escucha y la observación atenta de los demás, las lecturas, los estudios, las reflexiones; en resumen, todo lo que alumbró mi conciencia también sirvió y sirve de humus para la actividad poética. Todo bajo la luz de un nuevo antes.
La luz aparece como una metáfora recurrente a lo largo de la obra. ¿Hubo algún momento específico en tu vida en el que sentiste que esta «luz» revelaba algo que antes parecía invisible?
Sí, hubo momentos en que la luz no era una metáfora.
El autor menciona que el libro nació de un proceso de «desaprendizaje y despojo». ¿Qué fue lo más difícil de desaprender para que estos poemas pudieran existir?
Primero, debemos tomar conciencia de que lo establecido y que sigue moldeando nuestros pasos no se corresponde con nuestra cosmovisión; luego, debemos superar la lucha entre visiones contradictorias o acercarlas a un punto aceptable. Este es un proceso lento, a menudo doloroso, que nos conduce a nuestra singularidad. Es en las aguas de esta fuente donde el poema debe saciar su sed de expresión.
Sus versos parecen más interesados en provocar preguntas que en ofrecer respuestas. ¿Qué preguntas aún permanecen sin respuesta en su interior tras terminar este libro?
Mis versos son una provocación a la vida que llevo dentro y no surgen de ningún motivo oculto. En “Volátil” se aborda este punto: “…Mi verso está hecho de encuentros y pasajes/ que el poema teje impunemente; los desafíos/ el éxtasis, los sueños, los terremotos…/ son los hilos que tejen lo intuido y lo vivido…” Mientras la vida nos desafía a diario, siempre habrá preguntas. Lo que cambia, no con la conclusión del libro, sino con seguir viviendo, es nuestra capacidad de no sucumbir a la ausencia de respuestas.
La obra aborda temas como el silencio, la pérdida, la guerra y la reinvención. ¿Cómo podemos transformar experiencias tan densas y a menudo dolorosas en algo que también contenga belleza y ligereza?
Quizás con la comprensión de que todas las experiencias de la vida forman parte de su continuo flujo de renovación, presento esta reflexión en un poema corto titulado «Sótanos» (Prumo/2018): «Siempre hay un doble fondo en los sótanos/bajo el cual parpadea una luz/y el alma se eleva».
La voz lírica femenina del libro observa el mundo con sensibilidad, pero también con inquietud. ¿Cómo influye su experiencia como mujer en su forma de ver y plasmar el mundo en poesía?
En mis seis libros, la cuestión de lo femenino ha sido tema de poemas, y aunque todavía es una realidad brutal en el mundo contemporáneo y Brasil se jacta de una tasa inaceptable de violaciones y feminicidios, mi deseo es que estas fuerzas, lo femenino y lo masculino, se armonicen en cada ser humano, y que este femenino se afirme como un deseo de poder y no como un deseo de dominación, de poder, un femenino que no busque subyugar, ni adoptar las formas de su agresor como espejo.
La mujer describe el poema como «una lágrima en el misterio». Al escribirlo, ¿siente que intenta comprender la vida o que acepta que ciertas cosas nunca se comprenderán del todo?
Ambas cosas no son mutuamente excluyentes. La búsqueda de la comprensión de la vida y la aceptación de que la conciencia humana tiene límites ante la inmensidad que desconocemos generan debates que refinan y profundizan nuestra visión de nosotros mismos y del mundo. Esta visión, que no se conforma con lo superficial, está atenta a lo que surge de esta apertura para dar cuerpo a su voz. «…Entonces continúo discutiendo con lo inaccesible/ dialogando con la incertidumbre y el azar/ llenando así mi recipiente alquímico/ con lo poco que sé de mí mismo y lo mucho que no puedo abarcar.» (Más allá y antes, PRUMO/2018).
Cuando el lector termine de leer “Bajo la luz de un nuevo antes”, ¿qué tipo de sentimiento o transformación interior espera que permanezca en él?
La sensación de que todo había valido la pena, de que el lector de Bajo la luz de un nuevo antes celebraba con este poeta la gran fiesta del encuentro a la que estaba invitado.
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