En «Muerte en la frontera», el autor Humberto Pimentel construye una novela policíaca que desafía las certezas al explorar los límites entre el bien y el mal. Siguiendo la trayectoria de un experto forense jubilado que se convierte en abogado y asume la defensa de un jefe de policía acusado de un crimen, la narración se adentra en un universo de ambigüedades, donde la ética, la verdad y la justicia se muestran inestables. En una entrevista, Pimentel habla sobre la construcción de una trama que combina investigación, existencialismo y una crítica del sistema, invitando al lector a cuestionar sus propias convicciones.

Muerte en la frontera parte de una idea muy inquietante: que, en la frontera entre el bien y el mal, casi toda verdad puede ser cuestionada. ¿Qué te motivó a escribir una historia centrada precisamente en estas zonas grises?

Vivimos inmersos en narrativas. La idea de que los seres humanos poseen impulsos antagónicos en su interior fue la semilla de esta visión. Los conflictos internos y las circunstancias de la vida de cada persona pueden llevar a decisiones que solo se justifican desde cierto punto de vista. En situaciones extremas, puede existir una zona gris moral, donde no todos actuarían de la misma manera. Cada persona tiene su propia verdad, pero debe ser responsable de sus actos, incluso si cree estar actuando correctamente. Algunas verdades son provisionales.

Armando es un personaje marcado por la pérdida, la experiencia y una visión sombría de la existencia, mientras que Noemi parece representar la esperanza y la fe en las personas. ¿Cómo fue crear un dúo tan contrastante pero a la vez complementario?

Este es uno de los pilares de la trama, oculto en el subtexto: visiones de la existencia contrastantes y complementarias que, a lo largo de la historia, evolucionan y tienden a converger. Armando y Noemi interactúan entre sí y con los acontecimientos de la vida. Con ello, cada uno da un paso hacia el centro, hacia un punto medio razonable, aunque quizás esto no sea del todo posible. Esta idea siempre ha estado presente, desde la construcción de los rasgos iniciales de cada personaje, pero la narrativa impuso una evolución inesperada y desafiante. Armando está en silla de ruedas, y su limitación física lo hace más dependiente de la energía y la esperanza de Noemi.

El hecho de que Armando sea un ex perito forense que ahora trabaja como abogado defensor penal ya lo pone en contacto con diferentes perspectivas de la verdad. ¿Qué era lo que más te interesaba explorar en este cambio de rol dentro del sistema judicial?

Armando no es solo un antiguo experto forense; fue uno de los mejores en su época. Fue profesor y especialista en refutar informes periciales defectuosos. Utiliza sus conocimientos técnicos para aportar una perspectiva científica a temas como la balística y las pruebas. Como abogado defensor penal, cuenta con esta experiencia, poco común entre los profesionales del derecho. Todo ello amplía enormemente el abanico de posibilidades y permite una mayor exploración de la ambigüedad moral. Su profundo conocimiento de la ciencia forense convierte a Armando en un abogado con una visión multidimensional de la escena del crimen y de los sospechosos.

El detective Tonho entra en escena buscando ayuda, pero también alberga obsesiones, vanidad y vulnerabilidades. En una novela como la tuya, ¿qué hace que un personaje resulte verdaderamente sospechoso: sus acciones, sus secretos o cómo lo perciben los demás?

Un poco de cada una de estas pistas. En Muerte en la frontera, gracias a un narrador omnisciente, es posible explorar diversos puntos de vista. El lector puede analizar todos estos aspectos y sacar sus propias conclusiones. Tonho es un personaje complejo, un excelente sospechoso, como cabría suponer. Pero, como siempre, la verdad nunca es tan obvia. Quizás lo más importante sea lo que se oculta al principio, o lo que se insinúa, pero que puede o no materializarse. ¿Hasta dónde llegaría un jefe de policía para ocultar sus debilidades?

Tu libro rompe con la lógica más tradicional de héroes y villanos claramente definidos. ¿Crees que esta ambigüedad moral es precisamente lo que acerca la ficción a la vida real?

Creo que sí. La tradición de la novela policíaca comenzó con protagonistas que exhibían una conducta ética predecible. Lo que importaba al lector era la tríada de crimen (misterio), investigación (lógica) y esclarecimiento (sorpresa). La capacidad deductiva del protagonista era el eje central de la trama, que generalmente no se centraba demasiado en la profundidad psicológica de los personajes. Sin embargo, en la vida real las cosas no son así, y el lector lo sabe. Por lo tanto, la obra se inscribe dentro del subgénero neo-noir, donde no se espera un héroe perfecto, sino más bien un hombre real que, de alguna manera, sobrevive al margen del sistema.

La obra también ofrece reflexiones existenciales sobre el destino, el fatalismo y el libre albedrío. ¿En qué momento te diste cuenta de que esta investigación criminal también debía ser, en cierto modo, una investigación sobre la condición humana?

Esta idea estuvo presente desde el principio, pero a medida que los personajes se desarrollaron con mayor profundidad, se hizo inevitable adentrarse en la condición humana. Las circunstancias personales del protagonista ofrecen un amplio margen para ello. Armando es un hombre que ha vivido mucho, a pesar de no ser aún anciano. Ha sufrido reveses y cosechado algunos éxitos, lo que ha moldeado su personalidad. Noemí, su asistente, es una joven adulta, aún sin cicatrices emocionales. El contraste entre ambas perspectivas es lo que distingue al libro, pero no eclipsa la búsqueda de los responsables.

Su conocimiento jurídico impregna sin duda la construcción de la narrativa y el realismo investigativo. ¿Cómo equilibrar la precisión técnica del derecho con la tensión literaria y emocional de la novela policíaca?

El libro está dirigido principalmente a un público sin formación jurídica. Por ello, los aspectos legales se presentan de forma que permiten al lector común comprender situaciones reales del día a día de un abogado penalista. Lograr el equilibrio adecuado fue todo un reto, ya que existía la fuerte tentación de crear un texto que solo apreciaran quienes estuvieran familiarizados con la práctica del derecho penal. La trama se nutre de misterios evidentes y ocultos, suspense y reflexiones filosóficas y religiosas. El lector podrá imaginar, más allá de la lectura, el funcionamiento interno de cómo un experto en ciencias forenses puede orquestar y esclarecer un delito.

Al invitar al lector a un mundo donde las certezas se desmoronan a cada paso, ¿qué espera provocar al final de la lectura: duda, incomodidad, reflexión o una nueva forma de ver la idea de justicia?

La premisa del libro invita a la reflexión y, hasta cierto punto, a la incomodidad. Profundiza en el alma del protagonista, un alma que la vida ha llevado a una visión sombría de la existencia. Quizás la investigación sobre el funcionamiento de la mente de Armando sea tan reveladora como la búsqueda de los responsables del crimen. Entre las numerosas metáforas, cabe destacar un paralelismo entre la percepción de justicia que se puede lograr en la sociedad y la idea de justicia que un personaje complejo podría albergar en su interior. Deseo que el lector cierre el libro y cuestione la validez de la venganza si no existe justicia.

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