Tras el colapso de las estructuras que sustentaban el mundo tal como lo conocemos, siete asesores son convocados a repensar la idea misma de sociedad. Es a partir de este escenario que el empresario contable y escritor Lucas Araújo construye Biotecnosfera: uma experiência de sociedade (Biotecnosfera: un experimento en sociedad), una obra de ficción original que propone una profunda reflexión sobre la reconstrucción humana, la ética tecnológica y la regeneración colectiva. Nacido de las interacciones diarias con la inteligencia artificial, el libro presenta un futuro en el que los humanos, la tecnología y la naturaleza deben aprender a coexistir no como opuestos, sino como partes de un mismo organismo vivo.
Noé es alguien que necesita enfrentarse a sus propias ruinas antes de ayudar a reconstruir el mundo. En su opinión, ¿por qué es tan difícil proponer un nuevo futuro sin pasar primero por esta dolorosa inmersión en su propio pasado?
Somos seres humanos, no pizarras en blanco. Creo que para proponer un nuevo futuro, necesitamos dialogar con el pasado, reconciliarnos con nuestras neurosis y heridas, ya que el pasado y el futuro son sus mayores productores.
Entiendo el dolor no como el problema, sino como una advertencia de que algo anda mal. Necesitamos revisar estos dolores, negociar con ellos, hasta que la carga se vuelva soportable sobre nuestros hombros, liberando espacio para algo nuevo.
El libro presenta debates sobre gobernanza, economía, clima, salud, seguridad y educación. Entre estos pilares, ¿cuál le representó el mayor desafío como autor y cuál le transformó más como persona?
Lo que más me retó fue la seguridad, ya que partía de una perspectiva ciega debido a mi falta de conocimientos técnicos. Todos temen la violencia y desean seguridad, pero para mí, la seguridad, más allá de los datos, también tiene un aspecto individual, un sentimiento que no siempre está anclado en la realidad; tuve que pensar desde una perspectiva más amplia. Lo que más me transformó fue, sin duda, el clima. Me hizo cuestionar los residuos y la contaminación que genero a diario y qué puedo hacer para reciclar, preservar y regenerar, así como la urgencia de hacerlo.
Creas la idea de una Carta Algorítmica Común, una gobernanza ética de la inteligencia artificial. En tu opinión, ¿cuál es el límite saludable entre los humanos y los algoritmos, y en qué momento la tecnología deja de ser una herramienta para convertirse en un espejo?
El límite saludable está justo antes del antropomorfismo. Cuando empezamos a tratar a las máquinas como personas, priorizamos lo inorgánico sobre el contacto humano, que es esencial, y la tecnología termina convirtiéndose en un espejo cuando exigimos que nos reemplace. En esta búsqueda incesante de la productividad, sin preguntarnos primero a qué o a quién servirá esta productividad, nos condenamos a tener réplicas que nunca se cansan, produciendo cosas para nosotros, pero que la mayoría de nosotros no podremos disfrutar.
La historia surge de su interacción diaria con la IA y también de su experiencia en el mundo contable. ¿Cómo convergieron estos dos universos aparentemente dispares para crear una narrativa ficticia que fusiona filosofía, estructura social y sensibilidad humana?
A menudo digo que en Brasil, la compleja burocracia exige que los contadores sean polímatas, especialistas en diversas áreas. Tenemos contacto diario con diversas profesiones y sentimos en carne propia la violencia de ver cómo nuestra profesión se extingue por la automatización. La llegada de la IA generativa me ha hecho ver la aceleración de este proceso. Además, el estudio de la tributación me muestra el origen de nuestra desigualdad. De ahí mi cuestionamiento filosófico y la propuesta de una reconstrucción mundial en la «Biotecnosfera».

En el libro, la asamblea del consejo se convierte casi en un ritual, un espacio de transformación colectiva. En su opinión, ¿qué falta en las conversaciones reales de la sociedad contemporánea para que se conviertan en puentes en lugar de trincheras?
Necesitamos escuchar al planeta que clama. Necesitamos ver a quienes lo necesitan en lugar de a quienes ya tienen demasiado, y debemos recordar urgentemente que los humanos somos animales sociales. Si seguimos hundiéndonos en este cómodo aislamiento en el que las grandes tecnológicas nos incitan a permanecer, moriremos solos y sin oxígeno, viendo algún servicio de streaming de nuestra elección, después de haber pedido comida a domicilio, con un montón de cosas inútiles compradas en línea y entregadas a domicilio.
La biotecnosfera presenta una visión de coexistencia entre los humanos, la tecnología y la naturaleza. En la práctica —en el mundo actual—, ¿cuál sería el primer paso concreto para acercar estos tres elementos de una manera verdaderamente regenerativa?
Creo en la aprobación de políticas públicas regenerativas para las ciudades, con sanciones fiscales progresivas por incumplimiento. Por ejemplo, mandatos para plantar árboles en zonas urbanas, como un árbol por cada 100 m², utilizando tecnología para monitorear los impactos mediante aplicaciones de mapeo ambiental. Incluir la educación regenerativa como asignatura obligatoria en escuelas y universidades. Los humanos lideramos acciones colectivas, la tecnología optimiza la eficiencia y la naturaleza recupera los ecosistemas.
La trama presenta un giro revelador que cambia la comprensión del libro por parte del lector. Sin spoilers, por supuesto: ¿cuál era la intención emocional detrás de este recurso narrativo? ¿Provocar, consolar, despertar o deconstruir?
La intención era vivir y brindar una experiencia orgánica. Así como me fusioné con el ethos del personaje Noé, el libro Biotechnosphere busca que el lector se adentre en esa realidad, que podría ser la nuestra, y comprenda que quizás ya lo sea. La provocación intelectual de Biotechnosphere trata sobre el cambio climático y la tecnología, pero es principalmente filosóficamente metafísica.
Vives entre números, legislación y estructuras fiscales, y, al mismo tiempo, escribes una ficción que habla del alma, el colapso y el renacimiento. ¿Qué revela Biotecnosfera sobre el Lucas humano que existe tras el Lucas contable?
Quizás resulte curioso que la Contabilidad, contrariamente al sentido común, no sea una ciencia exacta. Por lo tanto, Lucas, el contador, es alguien que, más allá de los números, existe para ayudar y cuidar a los humanos. La Biotecnosfera revela al Lucas humano que también es contador, escritor, músico y tantas otras cosas que hablan no solo de utilidad y funciones, sino también de esta maraña de cosas que somos o nos estamos convirtiendo, y que no pueden ser reemplazadas por algoritmos y herramientas.
Sigue a Lucas Araújo en Instagram

