El cantante, compositor y productor de Río de Janeiro presenta una nueva etapa de su carrera con Aperture y apuesta por las canciones bailables “Latino” y “Tra” para conquistar al público internacional

Nacido en Río de Janeiro, Perseus se perfila como una de las grandes revelaciones de la música pop brasileña. Además de cantante, compone y produce sus propias canciones, participando en todas las etapas del proceso creativo. Inspirado por artistas de proyección internacional, como Taylor Swift, el brasileño desarrolla una identidad marcada por la libertad artística, la música electrónica contemporánea y las narrativas capaces de transformar experiencias personales en proyectos conceptuales.

Esta evolución cobra fuerza en Aperture, un álbum de 18 canciones construido como un viaje que parte de la oscuridad y avanza hacia la luz. El proyecto combina electrónica progresiva, pop, dembow y reguetón, manteniendo una unidad sonora planificada por el propio artista. El disco también marca una transformación en la manera en que Perseus interpreta y compone. Si antes su música estaba vinculada a la introspección y la melancolía, ahora el cantante busca transmitir esperanza, movimiento y conexión con el público.

Entre los temas más destacados de esta etapa se encuentran “Latino” y “Tra”, las primeras canciones grabadas por Perseus en español. Bailables y vibrantes, ambas representan una experiencia inédita en su discografía y refuerzan el interés del artista por el mercado latino. La elección del idioma también está relacionada con los años que vivió en Cali, Colombia, una experiencia que profundizó su conexión con la cultura y la musicalidad del país.

Perseus

En la siguiente entrevista, Perseus explica el concepto de Aperture, detalla el proceso creativo de “Latino” y “Tra”, habla sobre su trabajo como productor musical y revela los próximos pasos de su acercamiento al público hispanohablante.

Entrevista

El álbum Aperture marca una nueva etapa de tu carrera. ¿Cuál fue el concepto que guio este trabajo y de qué manera representa tu evolución como cantante, compositor y productor?

Aperture nació de una imagen muy sencilla: la apertura de una lente es lo que permite que entre la luz. Y la pupila hace exactamente lo mismo en el ojo humano, por eso el álbum comienza con “PUPILS”. En la oscuridad, la pupila se dilata buscando luz. A partir de ahí, todo el disco se comporta como una lente que se abre, en cinco actos: la oscuridad, el giro en el que se pide la luz y esta responde, la pista inundándose, la identidad revelada en voz alta y el desfile final, que termina con “Infinity Miles”, con el camino extendiéndose hasta el infinito. Si antes el baile sucedía en un salón cerrado, aquí la invitación es lo contrario: el cielo como techo y la calle como pista.

Lo que más me enorgullece es que el concepto no se quedó solamente en la portada, está presente en el sonido. El punto sonoramente más oscuro del álbum es precisamente el momento en el que se pide la luz, en “Let the Light Find Me”, y la canción siguiente responde volviéndose más luminosa. Las mezclas van abriéndose literalmente en brillo a lo largo del disco. La lente se abre en los propios datos del audio.

Como cantante, antes la voz confesaba; ahora invita. Canto para llamar a las personas a la calle, a la luz, a la vida. Como compositor, esta etapa representa un cambio de dirección: salir de la introspección y la melancolía para escribir esperanza con peso. Música que invita a vivir y a bailar, pero que lleva consigo un viaje emocional real, desde el encierro hasta la apertura. Y, como productor, fue donde encontré una nueva gama de texturas: electrónica progresiva y contemporánea, bajos que respiran orgánicamente y capas que crecen con paciencia hasta inundarlo todo.

Al final, Aperture habla de ser visto por completo. La luz nunca estuvo ausente, simplemente estábamos disfrutando del lado de adentro, en los Ballrooms. Aperture es un “Golden Hours”. Y así… la fiesta nunca termina.

Las canciones “Latino” y “Tra” llaman la atención porque están interpretadas en español. ¿Qué motivó esta elección y qué influencias musicales latinoamericanas inspiraron estas composiciones?

La elección del español no fue una cuestión estética superficial, fue un asunto de linaje musical. El dembow que sostiene estas dos canciones tiene una genealogía documentada: nace en el dancehall jamaicano entre finales de los años 80 y comienzos de los 90, atraviesa Panamá con el reggae en español y madura en el movimiento underground de Puerto Rico hasta convertirse en la gramática rítmica del reguetón.

Y esa tradición tiene su propia lengua. El español no es un idioma aplicado al reguetón, es uno de los instrumentos que ayudaron a construirlo: la sílaba corta y percusiva cae dentro del dembow como una caja de batería, mientras que la vocal abierta sostiene el groove. Cantar estas canciones en otro idioma sería como tocar el ritmo con el instrumento equivocado. En este caso, el idioma es una decisión de arreglo musical.

Mi puerta de entrada fue la del productor. Vengo de la música electrónica, y lo que me cautivó del dembow fue reconocer en él un motor de groove preciso, un patrón capaz de sostenerse por sí solo desde hace más de tres décadas. El trabajo en estas canciones fue de fusión: hacer que esa ingeniería rítmica dialogara con el universo electrónico del disco, con el progresivo contemporáneo que atraviesa todo el álbum. No quise hacer un reguetón de fórmula ni música electrónica con percusión prestada; busqué el punto exacto en el que ambos lenguajes se reconocen.

“Latino” y “Tra” beben de esa fuente desde lugares diferentes. “Latino” se dirige al club latino con todos sus colores, con la percusión como afirmación de identidad, en el acto del disco en el que esa identidad se declara en voz alta. “Tra” nace del perreo, y el propio título lleva eso consigo: una onomatopeya de pista, una palabra que ya nace siendo golpeada. Es una cultura que siempre trató el baile como un lenguaje legítimo, y un álbum sobre salir hacia la luz y bailar necesitaba hablar ese idioma con propiedad, no con acento de turista.

El mercado latino atraviesa un momento de gran proyección internacional. ¿Ves este movimiento como una oportunidad para ampliar tu público o este acercamiento al español nació de una necesidad artística?

La necesidad artística llegó primero y, en mi caso, tiene una dirección concreta. Viví durante años en Cali, Colombia, la capital mundial de la salsa. El español no es un idioma que adopté cuando el mercado se volvió interesante; es un idioma en el que viví.

En una ciudad donde la música de pista no es entretenimiento, sino parte de la vida cotidiana, aprendí en la práctica algo que esa tradición sabe desde hace décadas: que el cuerpo comprende antes que la razón. Entonces, cuando el dembow apareció durante el proceso de creación de Aperture pidiendo el español, no se trató de cruzar una frontera, sino de regresar a una casa en la que ya había vivido.

Dicho esto, no voy a fingir incomodidad ante la idea de llegar a más personas. Aperture es un álbum sobre abrirse. Sería una contradicción hacer un disco entero sobre salir hacia la luz y desear que pocas personas lo vean. La pregunta separa la oportunidad de la necesidad, pero en este proyecto ambas forman parte del mismo gesto: cuando la lente se abre, entra la luz y entra la gente. Un público más amplio no es la motivación; es la consecuencia natural de un disco cuya tesis es la invitación.

Y sobre este “momento” del mercado latino, lo veo menos como una ola y más como una corrección. Esta música siempre tuvo ese potencial. Lo que cambió fue la distribución, que dejó de exigir una traducción para reconocer su grandeza. Quienes vivieron esto desde dentro saben que no es ninguna novedad; es el mundo finalmente admitiendo lo que aquellas calles siempre supieron.

Por eso, no siento que esté aprovechando la proyección de nadie. Siento que estoy llegando a una fiesta que siempre existió. Simplemente llegué con la lente abierta.

Además de interpretar las canciones, también trabajas como productor musical. ¿Cómo influyó esa visión técnica en la construcción de la identidad sonora de Aperture y cuáles fueron los mayores desafíos durante la producción del álbum?

Ser intérprete y productor al mismo tiempo evita que algo se pierda en la traducción. Normalmente existe un abismo entre lo que siente el artista y lo que entrega el técnico; en mi caso, la canción y el arreglo nacen del mismo gesto. Cuando escribo una melodía, ya estoy escuchando la mezcla; cuando mezclo, todavía estoy cantando. Eso le dio a Aperture una identidad en la que nada es decorativo. Cada decisión técnica es también una decisión dramática.

El ejemplo más concreto es que el concepto del álbum no se declara, se escucha. La “apertura” se convirtió en un parámetro de mezcla. El disco se vuelve literalmente más luminoso a medida que avanzan las canciones. El punto espectralmente más oscuro de todo el álbum es precisamente el momento en el que se pide la luz, en “Let the Light Find Me”, y desde ahí el brillo comienza a abrirse hasta que la canción más luminosa aparece cerca del final.

La secuencia siguió la misma ingeniería: compatibilidad armónica entre canciones consecutivas y una curva de energía diseñada para que el disco termine en ascenso. Producir Aperture fue como tratar 18 canciones como si fueran una única fotografía de larga exposición.

La identidad sonora surgió de decisiones innegociables. El groove nace de la tensión, no de la regularidad: kicks secos y sincopados que aparecen donde no se esperan, con un ataque seco y un rebote cálido. El bajo respira orgánicamente, en lugar de bombear. Las capas crecen con paciencia hasta inundarlo todo. También hubo un rechazo consciente a la nostalgia fácil. Quería una electrónica progresiva y contemporánea que ampliara mi paleta sin romper con quien yo era. Para mí, evolucionar significa abrir la lente, no cambiar de cámara.

Los principales desafíos fueron tres. El primero, y el más importante, fue crear esperanza con peso. Es fácil hacer música feliz pero superficial, así como es fácil hacer música profunda y melancólica. Lo difícil es conseguir una euforia con gravedad, una canción que invite al cuerpo sin prescindir de la emoción. Cada tema fue calibrado sobre ese hilo.

El segundo desafío fue la cohesión. El álbum atraviesa territorios muy diferentes, desde el progresivo hasta el dembow, y necesitaba sonar como un único organismo. La solución fue mantener constante el ADN de la producción mientras cambiaban los géneros.

El tercer desafío es el más silencioso: producir la propia voz exige sentarse en dos sillas, la del técnico que corta y la del intérprete que siente. Saber cuándo cambiar de silla, sin volverse insensible ante el propio material, quizá haya sido la disciplina más difícil de todo el disco.

Después del lanzamiento de Aperture y de las primeras canciones en español, ¿cuáles son los próximos pasos? ¿Existe la intención de invertir de manera constante en el mercado latino, con conciertos, colaboraciones o nuevos lanzamientos dirigidos al público hispanohablante?

El español no entró en mi trabajo como una campaña, con una fecha para comenzar y otra para terminar. Entró como vocabulario. Y el vocabulario adquirido no se devuelve. Así que sí, habrá continuidad, pero no obedecerá a un calendario de mercado: obedecerá a la música.

La lente abierta tiene esa característica, ya no elige lo que deja entrar. Si el próximo material pide español, llegará en español con la misma naturalidad con la que llegaron “Latino” y “Tra”.

Los conciertos son la consecuencia inevitable de este disco. Aperture es un álbum sobre salir. Sería incoherente que existiera únicamente dentro de los auriculares. El escenario es el lugar donde la invitación del disco se acepta en tiempo real, donde la fiesta que salió a la calle deja de ser un concepto y se convierte en multitud.

Llevar este trabajo al público hispanohablante me interesa profundamente, y existe una dirección afectiva detrás de ese deseo: subir a un escenario en Colombia, para mí, tendría menos de estreno y más de regreso a casa.

Respecto a las colaboraciones, yo ya vivo de la fusión. Como productor, mi trabajo para otros artistas siempre consistió en hacer dialogar diferentes lenguajes, la electrónica con el reguetón o con lo que la música pidiera. Colaborar con artistas de la escena hispana no es un plan de expansión; es mi oficio en su estado natural.

Lo que me interesa es el encuentro en el que ambos lenguajes terminan transformados, una colaboración entendida como fusión de vocabularios, no como intercambio de audiencias.

En cuanto a la consistencia, para mí no se mide en un calendario, sino en la obra. Prefiero responder con la última canción del disco: Aperture termina con “Infinity Miles” y termina subiendo, no cerrándose. El camino no tiene fin. Los próximos pasos siguen la dirección que este señala.

Spotify

Tra – open.spotify.com/intl-pt/track/7etH7VVt0SX4HXWRnuYTky

Latino – open.spotify.com/intl-pt/track/1NGDSFNIRQuhhsjl8XIGxk

Instagram – www.instagram.com/philippe.perseus/

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