La cantautora Sylvestra Bianchi presenta “Camomila”, un nuevo sencillo que llega a las plataformas digitales el 26 de mayo a través de Marã Música, desarrollando así su misión de unir música, espiritualidad y bienestar dentro del universo del Cosmic Rock. Inspirada por el conocimiento ancestral vinculado al cuidado emocional y el simbolismo de la manzanilla como elemento de sanación y consuelo, la artista transforma el tema en una invitación a bajar el ritmo y reconectar con el ser interior. En una entrevista, Sylvestra habla sobre la experiencia personal que inspiró la composición, el proceso de construcción sensorial de la música y la búsqueda de un arte que ofrezca ligereza en medio de las presiones de la vida contemporánea.
“Camomila” nació de una experiencia muy íntima de reconexión y cuidado emocional. ¿En qué momento te diste cuenta de que esta experiencia personal debía transformarse en música?
La composición de «Camomila» nació durante un momento muy delicado de mi vida, justo al comienzo de mi carrera artística, con muchos desafíos. Atravesaba un intenso proceso interno que terminó reflejándose también en mi cuerpo, con frecuentes episodios de náuseas y vómitos, sin comprender del todo su origen.
Fue durante este período que una curandera popular me aconsejó incorporar baños y tés de manzanilla a mi rutina durante tres meses consecutivos. Y fue muy impactante darme cuenta de cómo estos sencillos rituales, realizados con atención plena y constancia, comenzaron a brindarme mayor equilibrio, bienestar y tranquilidad emocional.
A partir de esta experiencia, comencé a reflexionar sobre la profunda sabiduría que encierra el conocimiento ancestral vinculado a las hierbas, las bendiciones y el cuidado natural, especialmente dentro de las tradiciones femeninas. «Camomila» nace precisamente de este encuentro entre música, espiritualidad, naturaleza y reconexión interior.
En cierto momento me di cuenta de que no se trataba solo de una experiencia personal, sino de un mensaje que también podía conmover a otras personas. Porque muchos intentan encontrar el equilibrio en medio del exceso, la ansiedad y el agotamiento emocional. Y la música surgió como una forma de transformar esta experiencia en consuelo.
La canción surge de la idea de que el equilibrio emocional no es una búsqueda moderna, sino una sabiduría ancestral, a menudo transmitida entre mujeres. ¿Qué más te interesó rescatar de esta herencia de cuidado?
Lo que más me interesaba recuperar era precisamente esa sabiduría sencilla e intuitiva que se ha transmitido de generación en generación entre las mujeres. Durante mucho tiempo, el cuidado emocional estuvo más ligado a la naturaleza, a través de hierbas, infusiones, baños, la escucha activa y pequeños rituales cotidianos.
Hoy en día, esto sigue formando parte de mi rutina. Utilizo hierbas en infusiones y baños para relajarme, reorganizar mi energía y encontrar mayor equilibrio en mi día a día. Creo que este conocimiento ancestral es muy valioso, porque nos recuerda que el cuidado no siempre tiene que ser complejo; a menudo comienza con las cosas más sencillas, realizadas con presencia e intención.
La manzanilla aparece en la canción no solo como una hierba, sino también como símbolo de consuelo, dulzura y sanación. ¿Cómo influyó este simbolismo en la creación de la música?
La manzanilla inspiró toda la creación de la canción, ya que posee propiedades tradicionalmente asociadas con la relajación, el bienestar emocional y el cuidado femenino. Desde la antigüedad, se ha utilizado para calmar, aliviar la tensión y equilibrar el cuerpo y la mente, especialmente a través del conocimiento popular transmitido de generación en generación entre mujeres.
A partir de esto, «Camomila» se concibió como una canción que reivindica esta práctica ancestral de cuidado a través de hierbas, infusiones, bendiciones y la conexión con la naturaleza. El sonido en sí mismo sigue esta propuesta: la guitarra de 12 cuerdas y la percusión crean una atmósfera más ritualista y sensorial, inspirada en ritmos ancestrales vinculados a la vida en el campo, los pueblos nómadas y el conocimiento ancestral de sanación y espiritualidad que trasciende diferentes culturas.
Hablas de una sanación que no llega por la fuerza, sino por la dulzura. En un mundo tan acelerado y hostil, ¿por qué este mensaje se ha vuelto tan necesario para ti en este momento?
Siento que hoy en día es muy difícil encontrar a alguien que no esté lidiando con ansiedad, sobrecarga mental, agotamiento emocional o algún tipo de desconexión interna. Vivimos en un mundo acelerado, donde todo exige velocidad, productividad y estimulación excesiva, y esto termina afectando directamente nuestras emociones y nuestro cuerpo.
Por eso este mensaje se ha vuelto tan necesario para mí en este momento. «Chamúmila» me recuerda que la dulzura es una fortaleza y que el cuidado también se manifiesta a través de pequeñas pausas y rituales sencillos. La manzanilla, tradicionalmente utilizada para calmar y equilibrar, aparece en la canción como símbolo de este retorno al cuidado, a la presencia y a una forma de ser más amable.
Musicalmente, “Camomila” fusiona la MPB (Música Popular Brasileña) contemporánea, sonidos brasileños, elementos orgánicos y la atmósfera del rock cósmico. ¿Cómo lograste que este sonido transmitiera presencia, pausa y reconexión interior?
Para mí, la instrumentación siempre debe acompañar el mensaje y el estado emocional de cada canción. También concibo la música como una herramienta para la reflexión y el autoconocimiento, por lo que el diseño de sonido debe reflejar esa intención y contribuir a crear el ambiente sensorial de la canción.
El rock cósmico surgió precisamente de esta libertad de expresión y del deseo de explorar diferentes elementos que amplían esta experiencia emocional y espiritual. En «Camomila», la percusión de China Cunha, la guitarra de 12 cuerdas, el bajo y la voz fueron construidos orgánicamente por Leomaristi, junto con la grabación y la mezcla en el estudio de Chapola, creando capas que transmiten ligereza, presencia y ancestralidad. Hay una atmósfera casi ritualística en la música, que acompaña esta propuesta de desacelerar y reconectar con el interior.
El proceso creativo detrás de la canción parece estar profundamente conectado con el cuerpo, el tiempo interno y la experiencia sensorial. ¿Qué querías que el oyente sintiera, más allá de simplemente comprender, al escuchar esta canción?
Más que una comprensión racional de la música, quería que el oyente sintiera «Chamomile» en su cuerpo y emociones. El propósito de la canción es precisamente crear una experiencia sensorial de desaceleración, aceptación y reconexión interior, donde la música sirve como instrumento para la introspección, la atención a los sentimientos y la búsqueda de ayuda para reorganizarse y armonizar internamente.
Esta atmósfera se extiende también al videoclip, que se estrenará el 25 de junio en el canal de YouTube de Sylvestrabianchi. El vídeo presenta una narrativa inspirada en antiguos rituales de sanación vinculados a las hierbas y al conocimiento ancestral del campo, especialmente a través de la manzanilla. La idea era plasmar visualmente esta relación entre naturaleza, cuidado, espiritualidad y equilibrio emocional, creando un universo que invita a sentir más que a observar.
El videoclip profundiza en este concepto con una narrativa simbólica de sanación y reconexión con el conocimiento ancestral. ¿Qué revela la imagen sobre «Camomila» que quizás la música por sí sola no podría transmitir por completo?
El videoclip amplía visualmente la atmósfera ritualística y ancestral presente en «Camomila». La canción habla de aceptación, equilibrio emocional y cuidado a través de las hierbas, pero las imágenes logran transportar esto a un universo más sensorial, mostrando los rituales, los gestos, la conexión con la naturaleza y el conocimiento ancestral vinculado a las bendiciones y al uso de las plantas como forma de cuidado y armonización.
Mucho antes de que se asociara con religiones específicas, el uso de hierbas formaba parte de la vida cotidiana de diversos pueblos y culturas. Existía una relación mucho más estrecha con la tierra, con los ciclos naturales, con las hogueras, las danzas, las reuniones comunitarias y el conocimiento transmitido oralmente entre generaciones. El videoclip busca recuperar precisamente esta memoria ancestral y esta conexión más intuitiva y humana con la naturaleza, algo que se ha perdido con el tiempo, pero que aún reside en nosotros de alguna manera.
Tu trayectoria ha dado un giro muy significativo, alejándote de la formación técnica para responder a una vocación espiritual a través de la música. ¿Qué revela este cambio sobre la persona en la que te has convertido como artista y como mujer?
Este punto de inflexión representa un proceso de reconexión conmigo misma, con mis dones, mi sensibilidad y con lo que siento que emana de mi alma. Durante mucho tiempo, seguí caminos más técnicos y racionales, pero en algún momento me di cuenta de que había una parte muy importante de mí que necesitaba expresarse a través de la música, el arte y los mensajes que compongo.
Fue también un proceso de sanación de bloqueos internos y crecimiento personal. Hoy siento que vivir este propósito a través de la música me permite vivir una vida más auténtica, feliz y plena. Cada composición que publico representa un gran logro emocional y espiritual para mí, porque conlleva no solo una creación artística, sino también una parte de mi propia transformación como mujer y como artista.
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