Elegida como Mujer Universal de São Paulo, Marissol Savagin se prepara para competir en Mujer Universal de Brasil en una etapa marcada por la madurez, el propósito y la transformación personal. Referente en el mundo de la moda y los certámenes de belleza, la it girl regresa a las pasarelas con el deseo de usar su voz para inspirar a otras mujeres, compaginando la preparación, la maternidad y una carrera internacional. En una entrevista, Marissol habla sobre la belleza con sustancia, los retos de hablar en público, la importancia de la constancia y cómo la maternidad ha redefinido su visión del mundo.
Hablas de volver a las competiciones como una «vocación interior». ¿En qué momento te diste cuenta de que este regreso no se trataba solo de volver a competir, sino de comenzar un nuevo capítulo en tu vida?
Este regreso empezó a tener sentido cuando comprendí que no se trataba de volver a lo que ya había vivido, sino de honrar todo en lo que me había convertido. Fue un momento muy introspectivo, de silencio, de escucha. Me di cuenta de que algo más grande me llamaba, no a competir, sino a tomar una postura. Ahí comprendí que no era un regreso, sino un nuevo comienzo. Un capítulo más consciente, más alineado y con mucho más propósito.
En el pasado, participaste en este mundo cuando eras más joven, y ahora regresas con una perspectiva diferente. ¿Qué ve la Marissol de hoy que la distingue de la mujer que participaba en concursos de belleza hace años?
Veo a una mujer con sueños, pero aún en construcción. Antes, tenía mucha ambición, pero poca conciencia de quién era realmente y del impacto que podía tener. Hoy, regreso con más claridad, más confianza y, sobre todo, más autenticidad. Ya no necesito encajar; tomo una postura. Esa es la mayor diferencia: antes, buscaba la aprobación; hoy, represento un propósito.
Usted aboga por una «belleza con sustancia y valores», lo que añade una dimensión mucho más profunda a su participación. ¿Qué mensaje desea transmitir a las mujeres al ocupar este espacio hoy?
Quiero demostrar que la belleza puede tener profundidad. Que ser femenina, elegante y fuerte no son opuestas, sino complementarias. Y que toda mujer puede ocupar espacios con autenticidad, sin necesidad de menospreciarse ni adaptarse a estándares que no la representan. Si puedo transmitir una sola idea, es esta: no necesitas ser perfecta, necesitas ser fiel a ti misma.

En tu preparación, hablar en público se perfila como uno de los aspectos principales. ¿Qué te motiva en esta búsqueda por comunicarte con mayor claridad, veracidad y propósito?
La convicción de que la voz tiene poder. Comprendí que no basta con estar preparado externamente; es necesario saber expresarse con sinceridad. Para mí, hablar en público no es solo técnica; es conexión. Es la capacidad de transformar un mensaje en algo que realmente conmueva a la gente. Lo que me motiva es saber que, al hablar con sinceridad, puedo generar un impacto.
Compaginar la maternidad, la vida profesional y la preparación para un examen nacional requiere un gran equilibrio. ¿Qué te ha enseñado este proceso sobre la fortaleza, la perseverancia y los límites?
Me ha enseñado que la fortaleza no reside en hacerlo todo, sino en saber priorizar. Que la constancia no se trata de perfección, sino de disciplina diaria, incluso en los días difíciles. Y que los límites son necesarios para preservar lo que realmente importa. Hoy entiendo que el equilibrio no consiste en dividirlo todo por igual, sino en saber dónde dirigir mi energía de forma intencionada.
Dices que tus hijos son tu mayor motivación diaria y que todo lo que haces hoy tiene un propósito mayor. ¿Cómo ha transformado la maternidad tu relación con la imagen, con el éxito y con la propia sensación de representar a otras mujeres?
La maternidad le ha dado un nuevo significado a todo. Hoy, mi imagen no es solo estética; es un ejemplo a seguir. El éxito ha dejado de ser algo externo para convertirse en algo interno, ligado a los valores que cultivo cada día. Y representar a otras mujeres se ha convertido en una responsabilidad mucho mayor, porque sé que, de alguna manera, también influyo en cómo la próxima generación ve el mundo. Ser madre me ha traído la verdad. Y eso lo ha cambiado todo.

Universal Woman propone cambios importantes, como dar la bienvenida a mujeres casadas con hijos y ampliar la idea tradicional de un concurso de belleza. ¿Sientes que este nuevo formato refleja mejor la mujer real en la que te has convertido?
Absolutamente. Este formato representa una evolución necesaria porque reconoce a las mujeres en todas sus etapas. Hoy me siento representada por un concurso que valora no solo la imagen, sino también la historia, la madurez y las experiencias de cada mujer. Esto hace que todo sea más real, más humano y mucho más acorde con quien soy hoy.
Entre la moda, el posicionamiento, la maternidad y el propósito, has construido una trayectoria que va mucho más allá de la estética. Al pensar en lo que sucederá después de esta competencia, ¿qué legado te gustaría dejar a través de tu imagen y tu voz?
Quiero dejar un legado de concienciación. Demostrar que es posible construir una imagen con propósito, donde la belleza y los valores vayan de la mano. Quiero ser recordada como una mujer que alzó la voz con responsabilidad, que defendió sus convicciones con honestidad y que inspiró a otras mujeres a creer en sí mismas. Porque, al final, más allá de los títulos, lo que perdura es el impacto que dejamos en las personas.
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