En el libro «Todo va a estar bien: ¡Qué etapa!», la escritora carioca Alessandra Jammel profundiza en los dilemas emocionales de la adolescencia a través de la historia de Mariana Dieckmann, una joven que enfrenta ataques de ansiedad, inseguridades y los desafíos típicos de la vida escolar. Al seguir también la perspectiva de Hugo, su novio, la narrativa amplía la perspectiva sobre la autoestima, las etiquetas sociales y la salud mental entre los adolescentes. Con sensibilidad y momentos de humor y romance, la obra concluye la trilogía «¡Qué etapa!» e invita al lector a reflexionar sobre el crecimiento personal, el autodescubrimiento y la importancia de hablar de los sentimientos incluso en los momentos más difíciles.
Alessandra Jammel aborda la ansiedad y la maduración adolescente en «Todo estará bien: ¡Qué etapa!»
En el libro *Todo Estará Bien: ¡Qué Fase!*, la escritora carioca Alessandra Jammel profundiza en los dilemas emocionales de la adolescencia a través de la historia de Mariana Dieckmann, una joven que enfrenta ataques de ansiedad, inseguridades y los desafíos típicos de la vida escolar. Al seguir también la perspectiva de su novio, Hugo, la narrativa amplía la perspectiva sobre la autoestima, las etiquetas sociales y la salud mental entre los adolescentes. Con sensibilidad y momentos de humor y romance, la obra concluye la trilogía *¡Qué Fase!* e invita al lector a reflexionar sobre el crecimiento personal, el autodescubrimiento y la importancia de hablar de los sentimientos incluso en los momentos más difíciles.
En “Todo va a estar bien: ¡Qué etapa!”, seguimos a Mariana mientras lidia con la ansiedad, las inseguridades y los descubrimientos típicos de la adolescencia. ¿Qué te motivó a explorar los problemas emocionales de los jóvenes con tanta sensibilidad?
Mi mayor motivación proviene de la observación y la escucha. Tengo la oportunidad de interactuar muy de cerca con adolescentes en mi vida diaria, y me doy cuenta de que esta es una etapa en la que todo se desborda. Pero, al mismo tiempo, los jóvenes cargan con inseguridades y ansiedades que a menudo no saben cómo expresar. Explorar estas emociones a través de Mariana fue mi manera de abrazar a esta lectora. Quería que fuera una joven real, para que quien leyera pudiera pensar: «Me entiende, no estoy solo». Mi objetivo es validar lo que sienten y mostrarles que sentir miedo o ansiedad es parte del proceso de descubrir quién eres.
La crisis de ansiedad del protagonista al comienzo del libro ofrece al lector una descripción muy realista de las presiones que experimentan los adolescentes. ¿Cómo fue el proceso de construir esta escena y dar voz a sentimientos a menudo difíciles de expresar?
Construir esta escena requirió un profundo ejercicio de empatía y observación. La ansiedad no es solo un sentimiento; es una reacción física y mental que paraliza. Quería que el lector sintiera lo que siente Mariana: la opresión, los pensamientos desbocados, el desconcierto. Dar voz a esto es transformar el silencio de estos jóvenes en palabras, mostrando que lo que experimentan no es un disparate, sino algo real que merece ser reconocido.
La historia también muestra la dificultad de Mariana para comunicar lo que siente. En su opinión, ¿por qué sigue siendo tan complicado para muchos jóvenes hablar abiertamente sobre salud emocional?
Los adolescentes tienen un miedo enorme a ser juzgados o a que sus sentimientos se consideren un drama. Quería mostrar que, aunque dar el primer paso es difícil, abrir el corazón a los padres y a las personas de confianza es lo que cambia las reglas del juego. Hablar de salud emocional no debería ser un tabú, sino un hábito. Cuando un joven pide ayuda en casa, está construyendo un puente de seguridad. Es vital que sepan que sus padres y amigos cercanos son sus mejores aliados, y pedir ayuda es, de hecho, un acto de gran valentía.

Al incluir también el punto de vista de Hugo, el libro amplía la narrativa más allá del protagonista. ¿Qué aporta esta decisión narrativa a la comprensión de los conflictos e inseguridades que experimentan los personajes?
Incluir a Hugo en la historia fue una decisión deliberada para mostrar que los chicos también sienten, sufren y experimentan inseguridad. La sociedad suele imponer la idea de que los jóvenes deben ser fuertes y decididos en todo momento, pero Hugo humaniza este proceso. A veces, Mariana cree ser la única que está perdida, pero al adentrarse en la mente de Hugo, se da cuenta de que él también tiene sus propias batallas. Esto demuestra que, tras una apariencia tranquila, puede haber un torbellino de emociones. El diálogo es la única manera de conocernos de verdad y comprender que nuestras inseguridades a menudo son compartidas.
La adolescencia suele retratarse como una etapa intensa, llena de contradicciones entre la diversión, el romance y los desafíos personales. ¿Cómo buscaste equilibrar estos elementos a lo largo de la historia?
Busqué el equilibrio viendo la vida tal como es: un mosaico de momentos. La adolescencia tiene la ligereza del primer amor y las risas con amigos, pero también el peso de los descubrimientos y las exigencias internas. En el libro, los momentos de romance y diversión no son solo pausas; son lo que le da a Mariana la fuerza para afrontar sus retos personales. Equilibrar estos elementos fue la manera que encontré de respetar la complejidad de esta etapa, donde la risa y las lágrimas a menudo ocupan el mismo día.
Este libro concluye la trilogía «¡Qué Fase!». Al analizar toda la trayectoria de Mariana, ¿qué crees que ha cambiado más en ella desde el primer libro hasta ahora?
Lo que más cambió en Mariana fue su forma de afrontar sus propias tormentas. En el primer libro, era una niña que intentaba comprender el mundo; ahora, es una joven que se comprende a sí misma. No ha dejado de sentir miedo ni ansiedad, pero ha aprendido a no ser prisionera de esos sentimientos. El cambio más grande fue encontrar su voz: aprendió a hablar, a pedir ayuda y a aceptar que no necesita ser perfecta para ser feliz.
Su propia relación con la lectura comenzó en la infancia, entre los estantes de las librerías de su barrio. ¿Cómo han influido estas experiencias en su escritura para el público infantil actual?
En las librerías de mi barrio, aprendí a reconocer qué historias llegan al corazón. Hoy, al escribir para adolescentes, me esfuerzo por mantener esa misma honestidad que buscaba en las estanterías. Esto ha influido en mi estilo de escritura, en el sentido de no subestimar al lector joven; escribo para su inteligencia y sensibilidad, sabiendo que un libro leído en el momento oportuno puede ser un punto de inflexión en la vida de alguien.
Al terminar esta trilogía, ¿qué mensaje le gustaría que los lectores, especialmente los adolescentes que se identifican con Mariana, se llevaran al cerrar la última página?
Espero que los lectores salgan de este viaje sabiendo que crecer no es una línea recta, sino un proceso lleno de altibajos. Quiero que se lleven la idea de que ser imperfecto es humano y que está bien no estar bien todo el tiempo. Mariana descubrió su fuerza en sus propias vulnerabilidades, y espero que cada adolescente sienta que también tiene ese poder dentro de sí mismo. Que cierren la última página sintiéndose más aceptados, más amables consigo mismos y listos para abrazar su propia historia.
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