En *Cuentos para Leer en Voz Alta*, el escritor Rafael Nagime reúne diez narrativas que ahondan en las profundidades del alma humana para indagar en la soledad, los arrepentimientos y las pequeñas decisiones que forjan el destino. Inspirado en la memoria emocional de las historias escuchadas en la infancia y el poder de la tradición oral, el autor construye escenarios que se mueven entre lo íntimo y lo social, abordando desde conflictos psicológicos hasta críticas al contexto político contemporáneo. Con un lenguaje fluido y sensible, la obra marca el debut literario de Nagime e invita al lector a detenerse para escuchar —y revisitar— las historias que habitan la vida cotidiana y revelan el peso silencioso de cada decisión.
Cuentos para Leer en Voz Alta transmite una atmósfera muy íntima y reflexiva. ¿En qué momento te diste cuenta de que estas observaciones sobre la vida cotidiana podían plasmarse en literatura?
El hábito de observar y reflexionar sobre la vida cotidiana siempre me ha acompañado, pero no de forma subjetiva ni buscando emitir juicios de valor. Mi interés no reside en la persona, sino en sus acciones, el desarrollo de sus decisiones, las consecuencias, etc.
Siempre he tenido muy claro que la vida transcurre en la rutina de lo cotidiano, en la vida diaria, y es este devenir diario que pasa desapercibido lo que me fascina. Así que, a la hora de escribir, desviar la atención del éxtasis del gran momento y centrarme en la rutina me resultó muy natural.
El título del libro evoca con fuerza la memoria emocional y la tradición oral, especialmente la figura de la abuela del autor. ¿Cómo influyeron estos recuerdos de infancia en el tono y la sensibilidad de las narraciones?
Tuve la suerte de tener cuatro abuelos que enriquecieron enormemente mi vida, entre ellos mi abuela Hilda, quien tenía la costumbre de contarme todo tipo de historias. Y, aunque era una mujer muy religiosa con valores morales muy influenciados por esa religiosidad y su época, como suele ocurrir con los narradores en general, esto nunca estaba presente cuando narraba las historias reales o supuestamente reales que presenciaba o escuchaba de alguien. Creo que esta preocupación por la historia y no por el juicio moral de los personajes también es una característica presente en los cuentos de hadas.
Sus historias exploran la soledad, la rutina, los arrepentimientos y las decisiones no tomadas. ¿Surgieron estos temas más de la observación de su entorno o de sus reflexiones personales?
La vida es muy rica, y la soledad, la rutina, los arrepentimientos y las decisiones no tomadas forman parte de ella. Incluso una historia sobre una vida considerada monótona tiene matices que, con la debida atención, pueden dar lugar a una gran historia y provocar una reflexión que sorprenda al lector. Creo que el libro es el resultado de esta mezcla de observación y reflexión. Es precisamente de esta luz arrojada sobre un suceso aparentemente común que nacen las historias del libro.
Muchos personajes parecen experimentar conflictos silenciosos y profundos. ¿Sueles partir de situaciones reales para construir estas historias o prefieres dejar que tu imaginación guíe el proceso?
Las situaciones del libro son las que se dan en la vida cotidiana y que a menudo pasan desapercibidas. Lo que hice fue usar mi imaginación para darles matices más marcados y visibilizar estos conflictos que a menudo pasan desapercibidos, pero que siempre influyen en la vida.

Como abogado y profesor de derecho, usted lidia a diario con intensas historias humanas. ¿Ha contribuido esta experiencia profesional a la perspectiva más psicológica y social presente en su trabajo?
Ser abogado y profesor de derecho durante muchos años me ha enseñado a prestar más atención a los detalles ocultos y a las emociones de las personas. A menudo, alguien presenta un problema que parece enorme, pero que en realidad es el resultado de una reacción desproporcionada; o bien, cuenta una historia para defender sus derechos, cuando en realidad la verdad está del lado contrario. En estas situaciones, es necesario considerar no solo lo correcto y lo incorrecto, sino también el hecho de que a la persona involucrada le resulta más difícil ver las cosas con claridad. Es necesario reflexionar sobre las distintas perspectivas de la historia y tener la claridad necesaria para sopesar la mejor manera de actuar. Creo que, desde esta perspectiva, mi experiencia puede contribuir a aportar una perspectiva más psicológica y social a la narrativa.
En relatos como «La ciudad que quería ser rica», también hay crítica social y política. ¿Cuál fue la importancia de aportar esta perspectiva más colectiva a un libro tan íntimo?
Las decisiones personales influyen en la vida de quienes las toman, o dejan de tomarlas, y esto es más evidente para la gente. Pero las decisiones colectivas también tienen un gran impacto en la vida privada de todos, algo que aún no es tan evidente en muchas democracias. Por eso, el relato «La ciudad que quería ser rica» busca arrojar luz no sobre las decisiones individuales, sino sobre la importancia y las consecuencias de las decisiones que tomamos como ciudadanos.
El libro habla mucho de cosas que pasan desapercibidas en el ajetreo de la vida diaria. ¿Crees que escribir era una forma de relajarse y ver el mundo con más atención?
A finales de 2023, tras vivir en Brasilia y Río de Janeiro, decidí volver a vivir en el interior del estado y dedicarme a la escritura. Esta decisión de bajar el ritmo fue necesaria para mí, y creo que, durante el proceso de escritura del libro, me dio mayor claridad para ver y reflexionar.
Siendo este tu primer libro publicado, ¿qué representa este momento para ti como autor y como alguien que siempre ha observado la vida con tanta sensibilidad?
Escribir es un momento solitario; imaginamos, probamos, escribimos, reescribimos, finalizamos, revisamos… y solo cuando el libro llega a las manos de los lectores cobra vida. En este momento, recibir comentarios de diversas personas sobre las emociones y reflexiones que el libro ha generado, y sobre su asombro ante cómo se desarrollan situaciones tan cotidianas, ha sido muy gratificante.
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