La banda Drenna presentó el sencillo “Guerra”, lanzado el 1 de mayo por Marã Música, transformando la indignación y el dolor en una obra marcada por la tensión, la contundencia y una postura firme. Inspirada en un caso real ocurrido en la favela Complexo do Alemão, la canción utiliza guitarras densas y una narrativa cruda para cuestionar la normalización de la violencia en Brasil y el silencio ante tragedias recurrentes. En una entrevista, el grupo habla sobre el proceso visceral de composición, la intención de provocar incomodidad en el público y el papel de la música como instrumento de denuncia y reflexión social.

“Guerra” surge de un caso real muy doloroso, pero va más allá para abordar un tipo de violencia que se ha vuelto habitual en Brasil. ¿En qué momento sentiste que esta canción debía existir?

Somos de los suburbios de Río; yo crecí en el Complexo do Alemão. La violencia siempre ha sido parte de la vida cotidiana. Cuando uno está expuesto a ella constantemente, llega un punto en que deja de afectarte de la misma manera. No porque se vuelva algo normal, sino porque los seres humanos terminan encontrando formas de seguir adelante.

“Guerra” nació precisamente de eso. No es una idea aislada; es una carga que he estado llevando durante mucho tiempo. Y creo firmemente que la música tiene el poder de interrumpir un poco ese proceso automático, de hacer que alguien se detenga y vuelva a mirar algo que ya había quedado atrás.

Cuando lo escribí, ya sabía que no podía quedarse solo conmigo. Tenía que salir al mundo de alguna manera. Como una advertencia, no para dar respuestas, sino para recordar a la gente lo obvio que a veces se olvida: la violencia no es normal. Y nunca debe tratarse como si lo fuera.

Usted describe la canción como un retrato de una “guerra no declarada” que ocurre a diario. ¿Qué es lo que más le molesta de este intento social de tratar estas tragedias como algo normal?

Lo más inquietante es precisamente esta insensibilidad colectiva. Las tragedias pierden su impacto porque se repiten, lo que genera una especie de normalización de lo absurdo. Cuando se pierde una vida y se convierte en una noticia más, algo se rompe de forma muy grave. La música intenta confrontar esta normalización.

Drenna (Pedro Ribas)
Drenna (Pedro Ribas)

La imagen de un padre gritando por su hijo parece haber sido un punto de partida muy poderoso para la composición. ¿Cómo fue transformar un sentimiento tan visceral de rebeldía e impotencia en música?

No es algo que se pueda cambiar a la ligera. Cuando escuché esta historia, me impactó mucho y me rondó la cabeza durante mucho tiempo. Me hizo reflexionar y replantearme muchas cosas.

La imagen de un padre en ese momento no se convierte simplemente en una idea para una canción; se convierte en una conmoción que perdura. Y la canción no se creó para explicar eso, sino para evitar que se convierta en silencio. Para evitar que pase desapercibido como una estadística más.

Crecimos viendo cómo el Estado intentaba combatir la violencia mediante la fuerza. Y, sinceramente, hasta el día de hoy eso no ha solucionado nada. Pero de lo que casi nunca se habla es de cómo quienes viven en comunidades terminan en medio de todo esto, expuestos constantemente, convirtiéndose en blancos, no porque lo deseen, sino porque no tienen otra opción.

En definitiva, es una mezcla de indignación e impotencia. Indignación porque esto no debería existir, e impotencia porque no hay forma de revertirlo.

En “Guerra”, la instrumentación parece tener la misión de transmitir la misma carga emocional que la historia que inspiró la letra. ¿Cómo trabajaste con este sonido tan denso para que no diluyera el mensaje?

Al pensar en los arreglos, intentamos ser lo más cuidadosos posible. La letra ya tiene mucha fuerza, así que sabíamos que el sonido no debía ser suave. Entramos al estudio con esa idea muy clara.

Toda la construcción se basó en esta tensión. Creo que llegamos a un resultado que se ajusta bien al concepto de la pista.

Y Jorge Guerreiro, quien produjo el tema, desempeñó un papel muy importante en esto. Nos ayudó a perfeccionar el sonido y a llegar exactamente a donde buscábamos.

Drenna (Pedro Ribas)
Drenna (Pedro Ribas)

Dices que esta canción no está hecha para pasar desapercibida, sino para sacar al público de su zona de confort. ¿Qué tipo de reacción o reflexión esperas provocar en quienes la escuchen?

Creo que esta canción puede ayudar a esclarecer cómo normalizamos cosas que no deberían ser normales. Esto sucede gradualmente, día a día, hasta que se convierte en parte de la norma.

Creo firmemente en el papel que desempeña la música en este sentido: sacar a la gente del piloto automático, hacerles mirar otras imágenes, otras maneras de ver lo que les rodea.

En definitiva, formamos parte de una sociedad y todo está interconectado. Lo que le sucede a una persona, de alguna manera, afecta a todos. Por eso también tenemos la responsabilidad de no acostumbrarnos a lo que duele, de no permitir que ciertas cosas se normalicen.

Y quizás de eso se trate la evolución: no de algo grandioso o lejano, sino de pequeños cambios en cómo vemos a los demás y el lugar que ocupamos en todo esto. De modo que la vida no se trata solo de sobrevivir a lo que ya existe, sino de lograr construir algo un poco más humano en el proceso.

La portada del sencillo utiliza un contraste altamente simbólico entre lo sagrado y la violencia urbana. ¿Qué revela esta imagen sobre el colapso de la idea de paz en una realidad tan marcada por el miedo y la brutalidad?

Esta imagen es muy reveladora sobre el choque entre lo que simboliza la paz y lo que se experimenta en la práctica. Cuando estos dos mundos aparecen juntos, se hace evidente una especie de ruptura: la idea de paz deja de ser algo estable y comienza a parecer frágil, casi en conflicto con la realidad.

Lo que la portada nos revela es precisamente este colapso de esa noción idealizada. No en el sentido de que la fe o los símbolos dejen de existir, sino que comienzan a coexistir con un contexto que los impregna constantemente, sin dejar lugar a la neutralidad.

Esto se relaciona directamente con la música: la sensación de que existe una «paz» de la que se habla, pero que no se sostiene ante la realidad. La imagen pone al descubierto esta contradicción y refuerza la idea de que esta tensión no es abstracta, sino que forma parte de la vida cotidiana.

Drenna
Drenna

El videoclip se basa en rostros reales y una estética cruda, lo que acerca aún más la narrativa a la vida cotidiana. Para ti era importante mostrar visualmente que quizás la música por sí sola no transmitiría completamente el mensaje.

El videoclip surge de este deseo de no «representar» de forma distante, ¿sabes? La música ya transmite mucho, pero la imagen tiene un impacto diferente. Por eso era importante mostrar rostros reales, expresiones reales. Hay cosas que la música sugiere, pero al plasmarlas en imágenes, no hay lugar para la abstracción. Se vuelve más directo, más cercano, más difícil de ignorar.

La estética cruda también surge de ahí. No queríamos adornar nada, ni crear una capa que suavizara el mensaje. Se trataba más bien de acortar la distancia entre el espectador y la experiencia.

Al lanzar “Guerra”, transformas el dolor en una postura. Hoy, ¿qué papel crees que puede desempeñar la música ante una realidad tan dura: denuncia, recuerdo, confrontación o movilización?

La música puede ser todo eso a la vez, dependiendo de su origen y de cómo llegue a la gente. En nuestro caso, comienza como una forma de evitar que ciertas cosas se pierdan en el silencio.

Tiene un componente de memoria, porque habla de historias que existen y no pueden borrarse ni tratarse como algo efímero. También tiene un componente de denuncia, porque señala algo que a menudo se ignora o se normaliza. Y sí, hay confrontación, en el sentido de afrontar lo que resulta perturbador.

Pero, sobre todo, creemos que la música influye en la percepción. Si esto genera reflexión o incluso movilización, ya es un logro importante. Porque cuando el arte consigue que alguien vuelva a fijarse en algo que había pasado desapercibido, ya ha cumplido su función.

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