En *Cuando un gato se vuelve humano*, la escritora Doroti Cercato construye una conmovedora narración basada en su experiencia conviviendo con un gato rescatado, transformando la vida cotidiana en un espacio de reflexión sobre los vínculos, el cuidado y el autoconocimiento. Al seguir el desarrollo de Fritz, la autora observa comportamientos que reflejan emociones humanas y replantea sus propias percepciones sobre la responsabilidad y el afecto. En una entrevista, explica cómo esta inesperada relación se convirtió en una profunda experiencia de aprendizaje sobre sí misma y la naturaleza de las conexiones.

Cuando el gato se convierte en humano nace de un encuentro aparentemente sencillo, pero que se transforma en algo muy profundo. ¿En qué momento te diste cuenta de que la historia de Fritz también hablaba de ti?

Me di cuenta de esto gradualmente, a través de la interacción diaria. Al principio, solo veía la historia de un gatito rescatado que necesitaba cuidados, pero con el tiempo comprendí que esta experiencia también revelaba mucho sobre mí. Noté lo poco que sabía sobre gatos y cuántos prejuicios albergaba, producto de comentarios negativos que hemos escuchado a lo largo de nuestra vida. Fritz me enseñó a reconsiderar mis prejuicios, a observar con más atención y a abrirme a nuevas experiencias. Al contar su historia, comprendí que también estaba narrando un proceso personal de transformación.

Tras haber seguido el crecimiento de Fritz desde tan temprana edad, ¿cuáles fueron los primeros descubrimientos que más cambiaron tu forma de ver a los animales?

Lo que más me impresionó desde el principio fue su inteligencia y sensibilidad. Fritz demostraba preferencias, rutinas, buena memoria e incluso cierto sentido de pertenencia. Por ejemplo, le gustaba esconderse, dormir con un juguete, elegir su silla y enfadarse cuando alguien se sentaba en ella. Estos comportamientos me hicieron darme cuenta de que los animales tienen personalidad, deseos y sus propias formas de comunicarse.

El libro muestra que, en la interacción diaria, llegaste a reconocer rasgos muy humanos en Fritz. ¿Qué fue lo que más te sorprendió de esta similitud entre su comportamiento y el nuestro?

Qué astuto. Por ejemplo, esperar a que me distraiga para abrir la puerta de mi habitación, cerrarla, acostarse en mi cama, abrir los brazos y quedarse allí de pie como diciendo «este es mi lugar», la postura de espera, con las cuatro patas juntas, inmóvil, como diciendo «estoy esperando».

A menudo, cuidar de alguien también nos obliga a reevaluar nuestros hábitos, rutinas e incluso nuestra propia sensibilidad. ¿Cómo ha transformado la llegada de Fritz tu vida diaria?

La llegada de Fritz transformó mi rutina de forma profunda y positiva. Para empezar, tuve que descubrir un mundo desconocido, dejando atrás ideas preconcebidas sobre los gatos. Imaginaba, por ejemplo, que tendría que bañarlos con frecuencia y que su pelaje agravaría mis alergias, y descubrí que estaba equivocada. Además, la casa se llenó de vida, sorpresas y alegría. Empecé a prestar más atención a los detalles del día a día, a organizar mis horarios y a cultivar aún más paciencia y cariño. Fritz aportó ligereza a los días cotidianos y despertó en mí una constante curiosidad por aprender.

Doroti Cercato
Doroti Cercato

Hay algo muy bello en la forma en que la obra transforma escenas cotidianas en reflexión. ¿Cómo fue encontrar, en las travesuras, gestos y silencios de un gato, material para un testimonio tan sensible?

Fue algo natural, porque vivir con Fritz me enseñó a encontrar significado en las pequeñas cosas. A menudo, un gesto silencioso suyo decía más que mil palabras: una mirada atenta, su forma de esperar, su manera de buscar compañía o de mostrar su disgusto. Su picardía también revelaba inteligencia y personalidad. En cierto momento, sentí la necesidad de defenderlo de tantos juicios injustos sobre los gatos.

El libro habla no solo de afecto, sino también de observación y autoconocimiento. ¿Sientes que Fritz, de alguna manera, funcionó como un espejo emocional para ti?

Sin duda. Fritz fue como un espejo emocional, pues al observarlo, comencé a observarme a mí mismo con mayor detenimiento. Comprendí que los animales y los seres humanos compartimos sentimientos como el miedo, la alegría, el apego y la necesidad de seguridad. También reconocí en nosotros impulsos y comportamientos instintivos muy similares.

En una época en la que tantas relaciones parecen apresuradas o superficiales, el vínculo entre tú y Fritz revela otra forma de conexión. ¿Qué te ha enseñado este tiempo juntos sobre la presencia y el cariño?

Fue una experiencia maravillosa, se volvió irremplazable, necesario, entiende muchas cosas e intercambiamos atención y afecto.

Tras convertir esta experiencia en un libro, ¿qué esperas despertar en los lectores: una perspectiva más sensible hacia los animales, hacia sí mismos o hacia ambos?

Espero que los seres humanos comprendamos lo similares que somos a los animales y cuánto podemos aprender de ellos, y que esta comprensión nos haga más sensibles y amables con las mascotas y con los demás seres humanos. Hoy en día hay tanta crueldad y egoísmo. Necesitamos reflexionar más sobre nuestras actitudes, enseñar a nuestros hijos a cuidar de los demás y de la naturaleza. Lo que deseamos es un mundo en armonía.

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