En *En la estación nos detuvimos*, el autor Eduardo Armelin construye una conmovedora narración sobre la frustración, los nuevos comienzos y los giros inesperados del destino. La obra sigue a David, un investigador cuya vida se transforma tras un encuentro fortuito en el metro, lo que lo lleva a replantearse sus decisiones y a explorar nuevos caminos. En una entrevista, el autor reflexiona sobre temas como la paternidad soltera, la esperanza y los momentos de ruptura que, aun sin respuestas inmediatas, impulsan un cambio profundo.

«En la estación nos detuvimos» surge de un sentimiento muy humano: la constatación de que la vida puede haber tomado un rumbo muy distinto al que habíamos imaginado. ¿Qué inquietudes suyas dieron origen a este libro?

«Na Estação Que Paramos» (La estación en la que paramos) nació de la preocupación de que, a veces, otras personas terminan obstaculizando la consecución de nuestros sueños e impidiéndonos avanzar con nuestro plan original.

En mi caso, el sueño era escribir un libro en un mercado difícil, cerrado y lleno de amenazas. Un mercado donde hay quienes te ayudan, pero también quienes te obstaculizan o solo buscan lucrarse. Ya viví una situación similar en el pasado, y me alejó de mi sueño, pero solo por un tiempo.

Sin embargo, al comprender la situación y reflexionar sobre ella, aprendí que debía prepararme, entender cómo funcionaba todo y mejorar hasta sentirme listo. Hoy me encuentro en la mejor posición para hacerlo. Tras estudiar y planificar con detenimiento, puedo afirmar que trabajé duro e hice realidad mi sueño. Y lo más importante fue lograrlo mientras compartía con otros un tema tan relevante para la reflexión.

David es un personaje que vive con el peso de las expectativas no cumplidas, tanto en el ámbito profesional como en el personal. ¿Qué fue lo que más te interesó de explorar este sentimiento de «He llegado hasta aquí, pero no es exactamente donde quería estar»?

El objetivo siempre ha sido emular la vida en la historia. Incluir las barreras invisibles que surgen en nuestro camino, pero que cumplen una función: advertirnos.

Para David, este obstáculo llegó incluso antes de que lograra lo que deseaba, y eso no siempre es algo malo. A veces suceden cosas, y solo años después reflexionamos y comprendemos que lo que ocurrió fue lo mejor que nos pudo haber pasado, aunque en ese momento no lo entendíamos.

Explorar este tipo de conflicto interno y mostrar a este personaje perdido, pero que aún intenta seguir adelante, luchando por darle movimiento a una vida que no lo motiva a continuar por el camino establecido, ese fue el factor que me inspiró a escribir y contar una historia que de alguna manera pueda inspirar a otros a hacer lo mismo en sus vidas.

Hay algo muy simbólico en el encuentro dentro del metro, un espacio de paso, movimiento y destino. ¿Por qué este escenario parecía el lugar ideal para transformar la vida del protagonista?

El mundo siempre gira en torno al metro, siempre está en movimiento. La idea de usar el metro como analogía y situar al personaje en ese entorno tenía como objetivo evitar que se estancara y sufriera, sino más bien animarlo a continuar su búsqueda, ahora de una manera nueva.

El encuentro en el metro evoca la espontaneidad de la vida, el encuentro con desconocidos, con historias que se relacionan con las nuestras, pero que a menudo pasamos por alto. Por eso era tan importante incorporar este momento a la narrativa, porque es a través de un encuentro inesperado que se abren otras puertas.

Además, el tono del encuentro en el metro también tiene una razón de ser, ya que refleja el momento que vive el protagonista, quien a lo largo del libro ha estado lidiando con sentimientos y sensaciones, invitando al lector a sentir lo mismo y a resolver los problemas que lo frenaban en la estación donde se encontraba en ese momento de su vida.

Al plantear la posibilidad de la adopción por parte de un padre soltero frente a David, se abre un espacio para debatir nuevas formas de paternidad. ¿Qué te motivó a abordar este tema en la narración?

Al principio, me lo cuestioné. ¿Qué significaba? ¿Cómo sería esa vida? En ese momento, acababa de terminar una relación y me encontraba sola ante esta pregunta: ¿cómo es recorrer este camino sola?

Así nació una parte del libro, que abre un espacio no solo para hablar de otras formas de paternidad, sino también para crear un espacio donde estas experiencias se «normalicen». Para que podamos ver más o hablar más sobre ello.

Más allá de que el proceso de adopción, independientemente de su formato, no lo sea todo, es necesario comprender el significado del sueño. Al fin y al cabo, la adopción se trata más de hacer algo por otra persona que por uno mismo. Para mí, este fue un punto clave: uno habla de su sueño y de lo que quiere lograr, pero al final, no debería hacerlo por sí mismo, sino por la otra persona. Que un personaje experimente estos conflictos nos invita a reflexionar sobre nuestro papel como responsables de otro.

Eduardo Armelin
Eduardo Armelin

El libro aborda traumas invisibles y conflictos internos que a menudo pasan desapercibidos. ¿Cómo fue crear un personaje tan agobiado por un dolor silencioso, pero que a la vez necesita seguir adelante?

Para mí, fue interesante reflexionar sobre cómo estos traumas aparecen con mucha más frecuencia de lo que creemos. Esa fue la motivación para crear este personaje, porque la mayoría de las veces no tenemos esa capacidad de observación clínica para darnos cuenta de que alguien no está bien o está sufriendo.

Sin embargo, crear este personaje fue un desafío; equilibrar las situaciones con su personalidad fue una tarea que sufrió varios cambios y preguntas sobre cómo debía comportarse.

De hecho, en el primer capítulo, David observa a una joven con lágrimas en los ojos, sufriendo en silencio. Quizás sea mi capacidad de observación como escritor, pero he vivido innumerables situaciones similares, donde la gente no lo estaba pasando bien, y quise plasmarlo de alguna manera. No de forma forzada, sino de una forma que conectara con el personaje y le ayudara a continuar su camino.

Incluso al abordar temas difíciles, su trabajo parece mantener viva la esperanza como motor principal. Para usted, ¿qué papel desempeña la esperanza en las historias que surgen de la crisis?

Así como los sueños no son un destino sino un camino, la esperanza sigue una senda muy similar. Esto se debe a que, en este caso, la esperanza no consiste en esperar a que las cosas mejoren, sino en actuar para discernir lo que tiene sentido de lo que no.

Por ejemplo, es como una radio; cuando intentamos sintonizar una emisora, oímos estática, luego llegamos a cierto punto, esa canción no nos interesa, pasamos a la siguiente, hasta que encontramos la frecuencia que tiene sentido para ese momento.

Por lo tanto, el papel de la esperanza en las historias que comienzan en una crisis radica en el hecho de que no podemos conocer el resultado de lo que está por venir, pero podemos hacer que las cosas sucedan; es decir, la esperanza reside en lo que se nos invitará a experimentar, no en adónde queremos llegar.

En muchos momentos de la vida adulta, seguir adelante no significa tener certezas, sino simplemente continuar. ¿Crees que este es uno de los mensajes centrales del libro: el coraje para seguir adelante incluso sin garantías?

¿Por qué deberíamos anhelar garantías? Considero que esa es la clase de pregunta que plantea la obra, entre muchas otras, pero no su mensaje central.

Creo que el mensaje central se relaciona más con aprender a dialogar con nosotros mismos en momentos de incertidumbre y dificultad. Al fin y al cabo, al nacer no tenemos un mapa que nos indique cómo actuar ni qué debemos hacer, pero aun así continuamos nuestro camino sin ninguna guía hasta el final.

Si al menos aprendemos a reflexionar sobre estas cosas, nos resulta más fácil desenvolvernos en la vida. Al fin y al cabo, entendemos que las expectativas y garantías que tenemos o no tenemos son meras proyecciones para hacernos sentir seguros, cuando lo más importante es hacer lo que nos llena de alegría. En el caso de David, su viaje fue en busca de sus sueños, pero el camino que recorrió fue más relevante que cualquier garantía o certeza que pudiera haber tenido, sobre todo porque, incluso con garantías, seguía sintiéndose frustrado.

Tras seguir tan de cerca la trayectoria de David, ¿qué crees que te ha enseñado este personaje sobre los sueños, los nuevos comienzos y los giros inesperados de la vida?

David sigue enseñándome. El proceso de escritura de esta obra se desarrolló en ciclos que no terminaron cuando escribí «fin» en su versión final. Cada vez que la releo o hablo de ella, recuerdo que siempre debo divertirme, mantenerme fuerte y aprender de todo aquello que se me presente.

Aunque gran parte del viaje de David se inspiró en cosas que he visto o experimentado de alguna manera, el proceso de plasmarlo en papel no se trata solo de cumplir mi sueño o terminar una obra, sino que me di cuenta de que evolucionó hacia desenredar cabos sueltos que necesitaba resolver o traducir de alguna manera.

Sin embargo, lo más importante era reafirmar lo que me apasiona: contar historias, hablar de viajes inesperados, llenos de profundidad y matices que nos permiten conversar durante horas. Esa es mi pasión, y «En la estación paramos» me hizo subir a un tren, donde me senté junto a la ventana y quise disfrutar cada momento y cada parada.

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