Inspirado por reflexiones filosóficas sobre la existencia, el cantautor Murilo Muraah presenta «Farol», un videoclip que expande el universo conceptual de su actual etapa artística al unir música, imagen y simbolismo. Con referencias al pensamiento de Friedrich Nietzsche y una estética basada en el contraste entre luz y sombra, la obra invita al público a reflexionar sobre el autoconocimiento, la presencia y la espiritualidad. En una entrevista, Murilo habla sobre el proceso creativo del vídeo, la influencia de la filosofía en su obra, los retos de la producción audiovisual y cómo busca transformar las ansiedades existenciales en una experiencia artística capaz de provocar nuevas formas de ver el mundo y a uno mismo.
«Farol» (Faro) nació de una reflexión sobre una mente inquisitiva, siempre en busca de respuestas, pero a menudo alejada del presente. ¿En qué momento te diste cuenta de que esta inquietud debía transformarse en música e imagen?
Esta percepción fue el resultado de varios procesos y acontecimientos que viví durante ese periodo, principalmente a partir de 2010. Fue una época de conexión con diferentes reflexiones, experiencias, textos y otros elementos que, por un lado, cuestionaban aspectos que habían formado parte de mi visión del mundo durante mucho tiempo y, por otro, presentaban otras formas de interpretar la realidad. Al mismo tiempo, estas influencias también comenzaron a aparecer en las letras de mis canciones y otros textos, lo que a menudo me ayudó a comprender mejor algunas de esas ideas. «Farol» fue uno de esos casos; nació del texto «La Sombra», presente en «Así habló Zaratustra» de Nietzsche, pero también incorpora otros elementos que me acompañaban desde hacía tiempo.
La canción dialoga con «La Sombra» de Nietzsche en «Así habló Zaratustra». ¿Qué te reveló esta referencia filosófica durante el proceso creativo?
Al igual que otras canciones y letras, «Farol» es una instantánea del momento en que la creé. Nació de forma muy orgánica, mezclando elementos del texto de Nietzsche con elementos del hinduismo, el budismo y otras influencias. En mi proceso de composición, intento dejar que las ideas fluyan libremente, sin intentar controlarlas ni ajustarlas a un resultado estético específico. En cierto modo, tiendo a valorar más el contenido que la forma. Así, la lectura de un texto puede desencadenar ideas y reflexiones que se convierten en mis propios textos. Algunos de estos textos tienen aspectos más rítmicos y pueden convertirse en canciones; otros son más densos y se convierten en registros escritos de mis reflexiones del momento. Por supuesto, desde el principio, la forma en que el texto empieza a emerger apunta hacia un camino que puede ser más poético, narrativo o filosófico. El foco está en el contenido, dejando que las ideas fluyan libremente, pero la forma del texto suele ser lo que determina si puede convertirse en una canción más adelante.
Quizás por eso Así habló Zaratustra me impactó tanto, influyendo en algunos de mis escritos, no solo en Faro, y transformando profundamente mi visión del mundo. Es una obra que presenta conceptos filosóficos elaborados artísticamente, con una narrativa literaria, personajes provocadores y textos poéticos.
El vídeo explora el contraste entre la luz y el cuerpo, un corazón iluminado y unos ojos que brillan como faros. ¿Cómo fue transformar conceptos tan internos —el autoconocimiento, la presencia y la búsqueda espiritual— en imágenes concretas?
Antes de transformarlas en imágenes concretas, llega el momento de crear la letra y la música. Como mencioné en la respuesta anterior, la letra suele surgir primero, de forma muy libre y orgánica. Dado que me gusta usar metáforas, los conceptos internos cobran vida propia al nacer la letra, lo que les permite adquirir otros significados para quienes entran en contacto con ella. Pero la creación musical también desempeña un papel fundamental en esta transformación de sentimientos e ideas tan íntimas en algo que puede tener significado para otras personas.
El proceso de creación del universo estético del videoclip de «Farol» se realizó con el equipo de Fruuto, especialmente con Rodolfo Lacerda, director del vídeo, y Mariana Lima, encargada de mis redes sociales y que también contribuyó al proyecto de otras maneras. El uso de imágenes impactantes como metáforas —el faro, el corazón, los ojos que se abren— fue fundamental para construir las imágenes que conforman el vídeo.

Mencionas que la mirada, como un faro, representa tanto la capacidad de ver el mundo con mayor sabiduría como la posibilidad de contribuir a la búsqueda espiritual de los demás. ¿Qué responsabilidad implica iluminar caminos sin imponer respuestas?
En cierto modo, cada persona termina viviendo con sus propias respuestas a preguntas sobre la vida para las que jamás encontraremos respuestas concretas. Por supuesto, esto está profundamente influenciado por el lugar donde cada persona se cría, por la cultura de su grupo familiar y la sociedad en la que se desenvuelve, por su religiosidad y por las experiencias y relaciones que tendrá a lo largo de su vida. Pero cada mente contiene su propio universo, su propia búsqueda de respuestas.
Por lo tanto, proponer reflexiones sin imponer respuestas universales que deban ser seguidas por todos los seres humanos no es más que reconocer esta complejidad, esta riqueza de experiencias, culturas y formas de interpretar la realidad. La humildad es necesaria al abordar temas tan trascendentales como qué es la vida, cómo se construye nuestra relación con aquello que escapa a nuestra comprensión, si la realidad es trascendente o inmanente, si existe un dios creador, y tantos otros que han acompañado a la humanidad durante milenios.
Estas y otras grandes preguntas me fascinan; han estado presentes de alguna manera desde mi infancia. No soy científico, no pretendo teorizar ni presentar respuestas como un filósofo, y mucho menos tengo la pretensión de ofrecer la perspectiva de una persona religiosa o un teólogo. Soy artista; mi relación con estos temas surge, por supuesto, de mucha reflexión, pero también de la escritura, la música, las imágenes y las exposiciones. Por eso elegí presentar diferentes maneras en que yo mismo he interpretado la realidad, maneras que son contradictorias, a veces incluso conflictivas. Me interesa aligerar el peso de las certezas, jugar con aquello a lo que no podemos acceder de forma absoluta, con aquello que solo podemos imaginar, teorizar, creer, soñar.
La experiencia humana está llena de maneras de explicar lo inexplicable, de usar el simbolismo para explorar el universo, la naturaleza, la vida. Aceptar las contradicciones, jugar con las incertidumbres, caminar entre las diferencias, afirmar la pluralidad de la vida… todo esto me interesa, esta es la luz que ilumina mi camino. Al compartir mi trabajo artístico, ¿quizás la forma en que expreso mi visión del mundo, una visión en constante transformación, pueda tener sentido también para otras personas? En un mundo que constantemente intenta imponernos certezas inmutables, que intenta decirnos que debemos conformarnos a una única forma correcta de vivir, abrazar las incertidumbres puede ser una postura liberadora. No siento la responsabilidad de iluminar caminos, sino más bien el deseo de compartir mis pensamientos, mis pequeñas locuras, estos gritos de libertad.
La creación del videoclip surgió de forma orgánica con Rodolfo Lacerda y el equipo de Fruuto. ¿Qué aportó esta colaboración para expandir el universo simbólico de «Farol»?
Fruuto tiene una forma muy eficaz de lograr resultados estéticamente interesantes con pocos recursos. Su principal fortaleza es la creatividad; lograron comprender las ideas detrás de la música y construir un universo impactante para el videoclip y sus visualizadores. Las imágenes son potentes y representativas, lo que ha contribuido a que muchas personas nuevas sigan mi trabajo en redes sociales.
Rodolfo lideró el proceso creativo del videoclip, sugiriendo referencias para las imágenes, y todo fue discutido, refinado y luego puesto en práctica por el equipo, que en el caso de Farol, además de Mariana Lima, a quien ya mencioné, también incluyó a Ale Machado (director de fotografía y edición), Ana Mori (dirección artística), Patricia Ferreira (producción ejecutiva) y André Hoff (fotografía, imágenes fijas y producción).

Una de las imágenes más impactantes la mostraba filmada con velas artificiales sobre los ojos, impidiéndole ver. ¿Qué revelaba esta incomodidad física sobre la confianza, la entrega y la vulnerabilidad ante la cámara?
Ya había vivido un proceso similar con el equipo de Fruuto, cuando grabamos varias tomas con diferentes objetos cubriendo mi rostro para el videoclip de «Percepção», que también se estrenará próximamente. En el caso de «Farol», la imagen principal del vídeo era aquella en la que aparecía con las velas pegadas a los ojos; hubo varias tomas en las que cantaba, me movía por la habitación y tocaba la guitarra con ellas puestas. Para que esto funcione, hay que confiar en el equipo, no solo para seguir las instrucciones que dan durante el rodaje, sino también para exponerse a esa vulnerabilidad.
Lighthouse y Perception fueron las primeras producciones audiovisuales que realicé para mi trabajo musical, por lo que estos pequeños retos fueron estupendos para ponerme a prueba, para darme cuenta no solo de que puedo lograr este otro aspecto de mi trabajo, sino también de que lo disfruto.
Afirmas que «Farol» te ayudó a comprender que no basta con tener un espíritu inquisitivo; es necesario vivir plenamente el presente. ¿Cómo se relaciona esta percepción con tu actual etapa artística y personal?
Volver a los escenarios después de 16 años fue una experiencia impactante, en el mejor sentido de la palabra. Para actuar frente a un público, necesitas estar completamente presente. Cada concierto es una experiencia diferente, la conexión con el público cambia, las canciones cobran nueva vida. Siempre digo que, aunque tengo más experiencia en estudios, lo que más disfruto es actuar en directo. Pero no solo eso, toda la preparación para este regreso a los escenarios, los ensayos, las decisiones técnicas y artísticas, el contacto con la banda, todo eso me conecta con el presente y me hace disfrutar aún más de esta etapa de mi carrera.
El ciclo «El Vagabundo Inquieto» parece fusionar música, filosofía, espiritualidad y presencia en el mundo. Tras plasmar estas ideas en formato audiovisual, ¿qué tipo de experiencia esperas que tenga el público al ver el vídeo?
Una experiencia de presencia, sin duda. Espero que el vídeo ofrezca un buen momento musical, pero también que invite a la reflexión. A cada persona, según su realidad, según su propia experiencia en el mundo, pero dando ese impulso que demuestra que es posible ir más allá de lo que ya se sabe, de lo que se cree… que quizás sea posible trascender uno mismo.
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