En “El manual del padre excepcional: Una guía para padres primerizos”, Lucas C. Maciel, experto en paternidad y autor, propone una reflexión sobre el papel del padre en la construcción de la familia contemporánea. Basándose en su propia experiencia y en la percepción de que muchos hombres aún se enfrentan a la paternidad sin la orientación ni los recursos adecuados, el libro ofrece maneras prácticas de fortalecer los lazos familiares, desarrollar una presencia activa y asumir un rol más consciente en la crianza de los hijos. En una entrevista, Maciel analiza los desafíos de la paternidad moderna, la importancia de la implicación paterna desde el principio y cómo las pequeñas acciones pueden tener un impacto duradero en la vida de los hijos y en toda la estructura familiar.

El «Manual del Papá Genial» surge de una necesidad muy concreta: la de los hombres que quieren ser padres presentes, pero que casi nunca han recibido formación sobre cómo desempeñar ese papel. ¿En qué momento te diste cuenta de que esta falta de recursos debía plasmarse en un libro?

El camino del padre, desde el descubrimiento del embarazo hasta el posparto, está marcado por una invisibilidad sistémica. No intencional, por supuesto. Mientras la madre está rodeada de un abundante ecosistema de información y redes de apoyo, el padre suele quedar relegado a un rincón en la consulta del médico. Me di cuenta de que esta soledad no era solo mía, sino de una generación de hombres que querían ser protagonistas pero no tenían el manual. Al convertirme en padre a los 39 años, con una carrera consolidada en gestión estratégica y gobernanza, analicé aquel caos inicial. Empecé a escribir como una vía de escape personal, transformando miedos en procesos y dudas en estrategias prácticas. Cuando un amigo vio mis métodos y me dijo: «Tienes que enseñar a otros padres a ser padres increíbles como tú», comprendí que mi diario era, de hecho, el manual que faltaba en la estantería de miles de hombres.

Usted propone la paternidad como algo que se puede —y se debe— aprender, rompiendo con la idea de que el instinto por sí solo lo resuelve todo. ¿Qué fue lo que más le motivó a desafiar esta visión naturalizada del rol paterno?

La idea del «instinto paternal mágico» es una de las mayores trampas de la sociedad; sirve de excusa para la omisión o el amateurismo. Creo en la intención, el estudio y el valor de cometer errores hasta lograrlo. ¿Por qué no ofrecer un atajo? Veo el camino del padre como esos mapas de videojuegos cubiertos por una «niebla de guerra»: solo descubres el camino después de haberlo encontrado por casualidad. Lo que me motivó fue el deseo de disipar esa niebla. Propongo presentar el mapa con anticipación, destacando los hitos clave y brindando herramientas prácticas para que el hombre no sea solo un «superviviente» de la paternidad, sino un dueño de su propio camino y un socio estratégico para su esposa.

El trabajo parece surgir de una experiencia muy práctica, pero a la vez profundamente emotiva. ¿Cómo fue transformar experiencias reales, dudas y tropiezos en una herramienta de apoyo y orientación para otros hombres?

Fue un proceso de «traducción». Tomé el lenguaje pragmático del mundo empresarial, donde la atención se centra siempre en la eficiencia y los resultados, y lo apliqué al entorno más sensible y vulnerable que existe: el hogar con un recién nacido. Transformar los tropiezos en herramientas significa comprender que cuando un padre está preparado, toda la familia se fortalece. La madre, que atraviesa una fase de profundas transformaciones hormonales y físicas, necesita un apoyo incondicional, no otro problema que gestionar. El libro es brutalmente honesto porque la paternidad real es así. Al compartir mis vulnerabilidades, les doy permiso a otros hombres para que también las sientan, pero les proporciono las herramientas necesarias para que no se paralicen ante ellas.

En el comunicado de prensa hay una frase muy impactante: que sin las herramientas adecuadas, incluso el padre con las mejores intenciones puede sentirse perdido. ¿Qué crees que paraliza más a los hombres al inicio de la paternidad: el miedo, la inseguridad, la falta de modelos a seguir o todo a la vez?

Lo que más paraliza a los hombres es un fallo en el guion. Imagínese que le encomienden una misión sumamente compleja sin haber leído jamás el manual de operaciones. El miedo y la inseguridad de no saber qué sigue son paralizantes. Un ejemplo clásico: el médico dice que todo está bien durante la atención prenatal, pero luego, una conversación aparte sobre vacunas o protocolos que el médico no mencionó hace que el mundo del padre se desmorone. Es como caminar a ciegas. Esta falta de un modelo claro de «cómo ser útil» hace que muchos hombres se retiren a un segundo plano en la crianza de los hijos, dejando toda la carga mental sobre la mujer. El miedo no es al bebé; es a fallarle a la familia por no saber cuál es el siguiente paso.

Hablas de transformar el caos en presencia intencional mediante acciones cotidianas sencillas. Para ti, ¿cuáles son los gestos más poderosos —y a menudo más subestimados— de un padre presente?

El gesto más poderoso es la anticipación. Es el padre que no pregunta «¿Quieres que te cambie el pañal?», sino el que ya tiene el cambiador preparado. El gesto subestimado es el de cuidar el entorno para que la madre pueda tener tranquilidad. Es asegurarse de que tenga agua mientras amamanta, de que pueda ducharse durante 20 minutos sin oír el llanto del bebé de fondo porque el padre se ha hecho cargo. En el posparto, el hombre demuestra si es un padre ejemplar: un refugio seguro y un solucionador de problemas; o si es simplemente una tarea más en la lista de responsabilidades de la mujer. La presencia intencional marca el fin de la «ayuda» y el comienzo de una colaboración plena.

El libro también insta a los hombres a abandonar su rol secundario y asumir una participación activa con la madre. ¿Qué cambios se producen en la dinámica familiar cuando la paternidad deja de consistir en ayudar y se convierte en una verdadera responsabilidad compartida?

Todo cambia, especialmente la salud mental de la pareja. Siempre recalco que «las visitas son las que ayudan». El padre no es un aprendiz de la madre; es un coprotagonista. Cuando la paternidad se convierte en responsabilidad compartida, el padre se encarga de la logística, la gestión de crisis y la seguridad emocional del hogar. Esto alivia la carga mental de la mujer y permite que la pareja construya un vínculo real. Además, crea una conexión inquebrantable con el bebé desde el primer día. Una familia que funciona como un equipo de alto rendimiento no solo sobrevive al primer año, sino que emerge mucho más unida y resiliente.

Al llenar un vacío histórico en la literatura dirigida a hombres, su libro amplía el debate sobre la paternidad más allá del ámbito individual. Cuando un padre está mejor preparado, ¿qué cambios se producen no solo en la familia, sino en la sociedad en su conjunto?

Estamos transformando el modelo de masculinidad. Cuando un padre se prepara y asume su rol, se convierte en un ejemplo para los hombres que lo rodean (amigos, hermanos, colegas, etc.). Estamos empezando a romper el ciclo de la delegación de la crianza. En la sociedad, esto se traduce en niños y mujeres con mayor seguridad emocional y más espacio para reafirmar su identidad más allá de la maternidad. Un padre presente es un agente de cambio social que, en la práctica, combate el sexismo estructural y la ausencia paterna. Estamos creando una nueva generación de hombres que comprenden que el cuidado es la forma más elevada de liderazgo.

Tu trabajo parece sugerir que ser un «gran padre» no se trata de perfección, sino de estar presente, aprender y tener la voluntad de crear vínculos. En definitiva, ¿qué tipo de padre esperas ayudar a formar con este libro?

Espero contribuir a que surja el tipo de padre que yo necesitaba ser: el Padre Protagonista. De esos que no buscan la perfección de un anuncio de margarina, sino que tienen el valor de estar presentes en las trincheras de la vida cotidiana. Quiero que surja un padre que se sienta orgulloso de decir que sabe cambiar un pañal, lidiar con un llanto y apoyar a su esposa con la misma competencia con la que la ayuda a construir su carrera. Mi objetivo es que, al terminar este libro, este hombre sienta que tiene las herramientas para ser la mejor versión de sí mismo para su hijo. Al final, el «Padre Genial» es el que deja un legado de presencia, amor y responsabilidad.

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