Inspirada en la expresión árabe que significa «Dios está cerca», la periodista e investigadora Cristina Seixas presenta en Rabena Karib la historia de Vittorio Ficara, un inmigrante italo-egipcio que soportó guerras, campos de concentración y la reconstrucción de su vida en Brasil, impulsado por la fe y la resiliencia. Narrada en primera persona y entrelazada con los recuerdos de Teresa, su compañera, la obra va más allá de la biografía, retratando las huellas de la inmigración en el siglo XX, el contexto histórico que moldeó generaciones y el poder del amor como hilo conductor ante la adversidad.

La expresión «Rabena Karib» tiene un gran poder espiritual. ¿En qué momento sentiste que esta frase dejó de ser solo un título para convertirse en el núcleo de la historia?

La expresión «Rabena Karib» se convirtió en el título precisamente por la fuerza y ​​el mensaje que representaba para Vittorio. Tuve más de 50 encuentros, incluyendo grabaciones de conversaciones y lecturas de los capítulos, y solo me enteré de ella en el capítulo 13, cuando Vittorio, en uno de los muchos pasajes delicados de su vida, explicó que recurrió a ella como medio para superar las dificultades. Su fuerza, dentro del contexto, no dejaba lugar a dudas de que debía aparecer en el título y, así, intensificar la historia y la personalidad de Vittorio, cuya mayor característica era la resiliencia.

Al escribir la historia de Vittorio en primera persona, necesitabas «prestarle» tu voz. ¿Cómo fue ese proceso de conectar emocionalmente con alguien que había vivido experiencias tan intensas?

Escribir en primera persona fue mi decisión, pues me pareció más apropiado e impactante, ya que eran momentos que le pertenecían y que compartió generosamente. Identifiqué características en él que también forman parte de mi personalidad, y me sentí muy cómoda al poder transmitirlas de esta manera.

La historia abarca la guerra, la inmigración, la reconstrucción y el amor. ¿Qué aspecto de la vida de Vittorio te impactó más personalmente durante tu investigación?

De hecho, lo que más me impresionó de Vittorio fue su perseverancia, su capacidad de afrontar y superar situaciones por difíciles que fueran, como el tiempo que pasó en el campo de internamiento en el desierto.

Teresa también gana espacio y profundidad en la narrativa. ¿Qué te impactó más de cómo tuvo que redefinir su propia vida al llegar a Brasil?

La vida de Teresa cambió drásticamente, lo que le provocó traumas emocionales que la llevaron a actuar de forma distinta a la habitual. Uno de los principales traumas fue que le impidieron terminar sus estudios y clases de piano, y comenzó a ayudar en las tareas del hogar, algo que no era su deseo. Pero con el tiempo, y a lo largo de la historia, Teresa reveló una de sus principales características: su capacidad para afrontar las situaciones, demostrando equilibrio y una personalidad fuerte, junto a Vittorio.

El libro combina la memoria emocional con el rigor histórico. ¿Cómo equilibró el lado emocional de la biografía con la responsabilidad de verificar y documentar cada detalle?

Escribir este libro fue para mí un inmenso placer y, sobre todo, un gran reto. Un placer porque tuve la oportunidad de conocer y compartir momentos encantadores con personas fascinantes durante todos los encuentros, entrevistas y lecturas, aderezados con la increíble lucidez de Vittorio y su narrativa llena de detalles, que me hizo «viajar» con él por África y Brasil. Y el gran reto fue narrar estos hechos con la mayor fidelidad posible, respaldados por una investigación meticulosa, que corroborara y fortaleciera su narrativa.

Vittorio llegó a Brasil sin ningún vínculo y forjó su propia vida, llegando a formar parte de Casa Canadá. ¿Qué revela esta historia sobre el poder de la inmigración en la configuración del panorama cultural de Río de Janeiro?

La inmigración italiana a Río de Janeiro se refleja principalmente en el paisaje urbano, con estudios y construcciones —como las del arquitecto Antonio Jannuzzi—, así como en el arte (incluida la moda) y la gastronomía. En el caso de Vittorio, su contribución al campo de la sastrería y la creatividad fue significativa. Sastre masculino altamente cualificado, gracias a la formación técnica adquirida y aplicada en Egipto, desarrolló y trabajó en la sastrería femenina para Casa Canadá, transmitiendo estas habilidades a su equipo e instruyendo a nuevos profesionales. Formó una familia y transmitió hábitos y principios a sus hijos, convirtiéndose en uno de los núcleos de la ciudad que adoptó y en parte integral de su estructura, sin abandonar los principios inherentes a la personalidad italiana: gradualmente, inculcó en su padre y hermanos una actitud de cohesión familiar típica, especialmente en el sur de Italia. Su perfeccionismo y su dedicación al trabajo contribuyeron sin duda al desarrollo estético y profesional de la sastrería. Hoy en día, la presencia italiana en Río de Janeiro se celebra en lugares como Casa d’Italia y en nuevos espacios, como…Centro Cultural Italiano, contribuyendo así a mantener vivo el vínculo entre la cultura italiana y sus descendientes.

A lo largo del proceso de escritura, ¿hubo algún momento en el que sentiste que no solo estabas contando una historia, sino preservando un legado?

¡Por supuesto! La historia de Vittorio muestra momentos del siglo XX, con pasajes históricos, sociales y emocionales que dan testimonio de su transcurso y la posibilidad de transmitirlos. Me fascinó no solo su capacidad para relatar acontecimientos y detalles, sino sobre todo su lucidez, a pesar de su avanzada edad. Esto, como investigador, me llevó a ahondar en este universo de hechos y detalles con una investigación meticulosa y a confirmar su narrativa.

Después de profundizar tanto en la vida de esta pareja y sus luchas, ¿qué mensaje cree que deja Rabena Karib para aquellos que hoy también enfrentan períodos de incertidumbre y necesitan esperanza para seguir adelante?

No te rindas, no pierdas la esperanza, cree en ti mismo y lucha por lo que quieres. Como dijo Vittorio: «Uno de los secretos de la supervivencia es tener la capacidad de seguir adelante y no sentirse como un náufrago. Siempre hay una salida».

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