Las actualizaciones del Estatuto de Niños y Adolescentes están transformando el mercado de la creación de contenido, priorizando la seguridad del usuario.
Brasil está entrando en una nueva fase en el consumo de contenido con la implementación de las nuevas leyes de la ECA Digital. En vigor desde marzo de 2026 (Ley n.° 15.211/2025), la normativa establece que las plataformas que operan en el país deben adoptar mecanismos fiables para verificar la edad de sus usuarios, poniendo fin al sencillo modelo de autodeclaración.
Lo que para muchos puede ser un obstáculo, para otros representa una oportunidad de negocio. Aunque es una empresa de reciente creación, Flamus se presenta como un ecosistema desarrollado exclusivamente para personas mayores de edad. La compañía afirma que esta medida busca proporcionar un entorno más seguro para los miembros de la comunidad y, en consecuencia, ofrecer mayor libertad y expresión a los creadores.
La verificación de edad se incorporó al diseño del producto desde la primera versión. Consideramos este aspecto como un requisito indispensable, no como una adaptación para un posible problema. La lógica siempre ha sido simple: un creador solo monetiza de forma segura y construye una audiencia real si sabe con quién está hablando —afirma Hélio Basso, estratega comercial de Flamus—.

Un mercado que necesita más confianza
Con una valoración cercana a los 5.500 millones de dólares para 2026 y ocupando el segundo lugar en representación global, Brasil es uno de los principales representantes de la economía de creadores a nivel mundial. El sector continúa creciendo, pero el modelo actual difícilmente podrá dar cabida a los más de 4 millones de creadores de contenido activos en el país.
Junto al aumento de oportunidades, también se ha producido un incremento de los delitos digitales. Según una encuesta de Serasa Experian, solo en 2025 se registraron más de 37.000 intentos de estafa digital en Brasil.
El uso de la IA para clonar rostros y voces también ha crecido rápidamente: según el Observatorio Lupa, el volumen de contenido falso generado por inteligencia artificial se triplicó con creces entre 2024 y 2025, explotando principalmente la imagen de personas conocidas.
Para quienes viven de la producción de su propio contenido, esto supone un riesgo directo: perfiles clonados, responsabilidad por materiales creados sin autorización, contaminación de la audiencia, entre otras consecuencias.
La propuesta de la ECA, que surgió como una herramienta para proteger a niños y adolescentes, acabó convirtiéndose también en una forma de salvaguardar todo un mercado que reclamaba medidas de protección de datos más seguras.
¿Qué cambios se implementan en la práctica?
La ECA Digital establece:
● Fin de la autodeclaración de edad aislada, con mecanismos auditables para confirmar quién accede a la plataforma;
● Cuentas de usuarios menores de edad vinculadas a un tutor legal;
● Privacidad y seguridad integradas en el diseño del producto;
● Uso de datos de verificación restringido a ese fin;
● Supervisión por parte de la ANPD (Autoridad Nacional de Protección de Datos de Brasil).
El conjunto de medidas anteriores mitiga los problemas de fraude de identidad, uso indebido de la propiedad intelectual y exposición de contenido inapropiado a menores.
La seguridad como parte integral del producto, no como un paso adicional.
En Flamus, la verificación de edad busca reducir las oportunidades para perfiles falsos, proteger la imagen de los creadores y garantizar un entorno seguro para sus miembros. Con la documentación correcta, el proceso tarda entre 15 y 30 segundos, tiempo suficiente para confirmar la identidad sin convertir el acceso a la plataforma en una barrera.
Carlos Saraiva, Jefe de Operaciones, explica el aspecto práctico: «Probamos el flujo pensando en la alianza entre seguridad y experiencia de navegación. Si la documentación del usuario, ya sea fan o creador, es correcta, la verificación tarda entre 15 y 30 segundos. Esto no es casualidad, es un desarrollo diseñado para no penalizar a quienes ya tienen todo en regla».
La verificación de identidad deja de ser un requisito reglamentario y pasa a formar parte de la forma en que Flamus entiende las relaciones: la base para que los creadores y la comunidad se conecten sabiendo, de hecho, con quién están tratando.
