Por Ronaldo Goulart

La trayectoria que comenzó con la venta de paçocas en un semáforo revela principios aplicables a cualquier negocio: acción constante, lectura de datos, enfoque en las relaciones y visión de largo plazo.

Emprender rara vez es un movimiento cómodo. En mi caso, el punto de partida fue simple y directo. R$ 230 en el bolsillo, un paquete de paçocas y la decisión de no depender más de la ayuda financiera de la familia ni esperar a que apareciera la oportunidad ideal. Frente a la necesidad, surgen dos opciones claras: quejarse o vender. Elegí vender.

La experiencia de vender en el semáforo no fue improvisación ni desesperación. Fue una decisión racional. El entorno ofrecía un alto flujo de personas, contacto directo con objeciones reales y retroalimentación inmediata. En pocos días quedó clara una regla básica de cualquier operación comercial: quien no aparece no es recordado. El movimiento genera visibilidad, y la visibilidad genera oportunidad.

Ese aprendizaje inicial trajo una percepción central sobre el comportamiento del consumidor. Las personas no compran solo productos. Compran contexto, intención y confianza. Al vender una paçoca, el valor estaba menos en el producto y más en la historia presentada. Cuando el cliente entiende el propósito de la oferta, el precio deja de ser el principal factor de decisión. La claridad de propósito es uno de los fundamentos de una venta sostenible.

Ronaldo Goulart

Otro pilar fundamental es la disposición a hacer lo que la mayoría evita. La rutina incluía sol, lluvia y una secuencia constante de rechazos. Cada “no” funcionaba como dato bruto. Los ajustes en el enfoque, el tono de voz, la narrativa y la presentación surgían a partir de esa lectura continua del comportamiento del público. La venta eficiente nace de la observación sistemática y de la adaptación rápida.

Fue ese estado de acción constante el que generó la primera oportunidad formal. Aún durante el período del semáforo, surgió la invitación para trabajar como vendedor en una tienda de electrónica. La oportunidad no llegó por currículum ni por una recomendación tradicional, sino por la exposición práctica de actitud y resiliencia. En ventas, estar en movimiento aumenta de forma significativa la probabilidad de que se abran nuevas puertas.

En el comercio minorista, el mostrador funcionó como una formación avanzada. La actuación no se limitaba al rol de vendedor. La lógica aplicada era la de dueño del negocio. Horarios extendidos, atención al posventa, análisis de rotación de productos y observación detallada de las objeciones de los clientes pasaron a formar parte de la rutina. Con el tiempo quedó claro que dominar las ventas exige una comprensión integrada de la operación, la logística, el servicio y las finanzas.

La transición al negocio propio fue consecuencia directa de ese acumulado de aprendizaje. La operación comenzó de forma ajustada, con el emprendedor asumiendo múltiples funciones, desde la compra hasta la atención al cliente, desde la entrega hasta el control financiero. El crecimiento vino acompañado de jornadas largas y decisiones tomadas sin garantías. Los meses de facturación elevada que hoy llaman la atención no muestran el proceso de construcción detrás de los números.

Las competencias desarrolladas al inicio siguieron siendo el diferencial competitivo. Presencia constante, atención humana, construcción de confianza y enfoque en relaciones de largo plazo. El lucro pasó a entenderse como un medio, no como un fin. Sostiene el crecimiento, pero no define por sí solo el propósito del negocio.

Actualmente, la operación en el sector de la electrónica se consolidó como referencia en Curitiba y, en períodos de mayor desempeño, alcanza una facturación mensual cercana a R$ 1 millón. Aun así, la estrategia sigue anclada en la misma lógica del inicio: crecer de forma estructurada, expandir mercado y, al mismo tiempo, preservar la mentalidad de ejecución, la cercanía con el cliente y la lectura constante del mercado.

La principal lección de esta trayectoria es objetiva. No es necesario esperar el escenario ideal para comenzar. La claridad estratégica surge con la práctica. Los valores no son negociables, la ética y la consistencia siguen siendo activos comerciales. Y, sobre todo, los negocios prosperan cuando hay movimiento continuo. Lo que muchos llaman suerte, en la práctica, suele ser el resultado de acción repetida, ajuste constante y ventas bien hechas.

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