Con tan solo 18 años y ya entre los 50 mejores del mundo, Miguel Peres se está consolidando como una de las grandes promesas del tenis playa brasileño. Conocido como «El Alquimista del Tenis Playa», apodo que refleja su creatividad y mentalidad transformadora dentro y fuera de la cancha, este joven atleta combina técnica, disciplina y autenticidad en una trayectoria marcada por la superación de retos y la constancia. Bajo la tutela de su padre —exatleta y su principal inspiración—, Miguel ganó recientemente dos títulos ITF BT100 y reafirma su misión de elevar el deporte a un nuevo nivel de profesionalismo. Entre sus objetivos en el ranking mundial y el sueño de crear su propia marca, promete seguir cautivando al público con su singular combinación de ligereza e intensidad.

Miguel, ¿de dónde viene tu apodo de «El Alquimista del Tenis Playa»? ¿Es solo un título creativo o refleja alguna filosofía que aplicas en la cancha?

Este apodo nació aquí mismo, en una conversación donde mencioné que varios jugadores tenían apodos, y que yo quería tener el mío.

La idea de «El Alquimista» surgió porque siempre he jugado con mucha creatividad, improvisación y confianza en mis instintos. Desde pequeño, en cualquier deporte que he practicado, esta creatividad siempre ha aparecido de forma natural.

Pero el nombre acabó adquiriendo un significado más profundo: la alquimia de transformar todo —victoria, error, dolor o presión— en evolución. Hoy, el apodo representa a la perfección lo que vivo dentro y fuera de la cancha.

Empezaste a los 13 años y hoy estás entre los 50 mejores del mundo. ¿Qué te motiva más al mirar atrás y ver cuánto has mejorado en tan poco tiempo?

Empecé a jugar al tenis playa a los 13 años, y hoy, al recordar esos tiempos, me parece surrealista. Ver todo lo que ha pasado desde entonces y saber que estoy entre los mejores del mundo me motiva aún más a seguir adelante.

Pero nada de esto habría sido posible sin el ejemplo de mi padre. Él tuvo la oportunidad de convertirse en atleta profesional de fútbol y tenis, y siempre ha sido mi mayor inspiración.

Hoy, además de ser mi padre, también es mi entrenador, y tener esa relación es algo muy especial. Aprendo de él todos los días, tanto dentro como fuera de la cancha.

Crecí rápidamente en este deporte, sin mucha estructura, gracias a mi fuerza de voluntad y mi fe. Eso me motiva: ver lo lejos que he llegado con mi esfuerzo y el apoyo de quienes siempre han creído en mí.

¡Hace poco ganaste dos torneos ITF BT100! ¡Resultados impresionantes! ¿Qué significan estos títulos para ti y cómo influyen en tu confianza para los próximos retos?

Estos logros recientes tuvieron un sabor especial. Fueron victorias que demostraron que el trabajo se está haciendo bien y que mi juego está madurando. Cada título refuerza que este es el camino correcto: concentración, constancia y evolución. La confianza crece con cada torneo.

En el deporte, cada atleta tiene su propia «fórmula» para el éxito. ¿Cuál es tu alquimia dentro y fuera de la cancha? ¿Qué combinación de disciplina, mentalidad y pasión utilizas para lograr resultados?

Mi alquimia es una mezcla de talento, disciplina y mentalidad. En la cancha, juego con ligereza y creatividad; me gusta improvisar, crear jugadas inesperadas y transformar el partido. Fuera de la cancha, soy muy relajado, un verdadero hogareño. Me gusta estar en casa y jugar videojuegos. Incluso gané el Campeonato Mundial de la FIFA con la Selección Brasileña en el modo Clubes Pro, jugando como portero. Creo que este equilibrio entre intensidad y sencillez es lo que me mantiene centrado.

El tenis playa ha experimentado un crecimiento significativo en los últimos años. ¿Cómo ve el papel de los atletas de la nueva generación —como usted— en la popularización y profesionalización de este deporte?

La nueva generación tiene la misión de consolidar el tenis playa como un deporte profesional de primer nivel. No se trata solo de recreación en la playa, sino de técnica, estrategia y mucha dedicación. Quiero contribuir al crecimiento de este deporte y que obtenga el respeto que merece.

Además de entrenar, utilizas muy bien los medios digitales para mostrar contenido entre bastidores e inspirar a otros jóvenes. ¿Cómo compaginas la intensa rutina de un atleta con la creación de contenido y el desarrollo de tu marca personal?

Desde el principio, crecí en Instagram por mi cuenta. Aprendí todo practicando: edición, narrativa, entender qué conecta con la gente. Hoy tengo más de 63.000 seguidores, y esto es solo el comienzo. Creo que el atleta moderno también necesita ser una marca. Mostrar momentos detrás de escena, entrenamientos, viajes y su realidad. Esto inspira y acerca a la audiencia.

Cuando entras a la cancha con la camiseta brasileña, ¿qué es lo primero que te viene a la mente? ¿Hay algún ritual o pensamiento que te acompañe antes de cada partido?

Llevar el nombre brasileño es algo que me emociona cada vez. Es un orgullo enorme y una responsabilidad que me da fuerza. Antes de cada partido, cierro los ojos, respiro hondo y pienso: «Disfruta». Es el momento en que todo se silencia y recuerdo de dónde vengo y por qué estoy aquí.

¿Cuáles son los próximos pasos en tu carrera? ¿Hay objetivos específicos en el ranking o proyectos fuera de la cancha que sueñas con emprender en los próximos años?

Quiero seguir escalando posiciones en el ranking mundial: volver al top 30, aspirar al top 20 y continuar evolucionando. Pero más allá de los resultados, sueño con crear mi propia marca, con productos y proyectos que reflejen mi esencia y filosofía: disciplina, autenticidad y pasión por lo que hago. Mi objetivo es dejar un verdadero legado, tanto dentro como fuera de la cancha.

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