Las fechas conmemorativas evocan recuerdos profundos, refuerzan los vínculos afectivos y también evidencian ausencias, comparaciones y conflictos emocionales
Las fiestas de fin de año, especialmente la Navidad, suelen intensificar emociones de muy distinta naturaleza. Para el psicólogo y escritor Alexander Bez, este periodo reúne símbolos poderosos como la unión, el acogimiento y el compartir, capaces de despertar tanto sensaciones de bienestar como de malestar emocional, según la historia personal y las relaciones de cada individuo.
Según el especialista, la Navidad activa vínculos afectivos profundos y refuerza la expectativa de convivencia familiar, lo que puede resultar positivo para quienes mantienen relaciones saludables, pero doloroso para quienes arrastran conflictos, pérdidas o distanciamientos. “No se trata de la fecha en sí, sino de lo que representa emocionalmente para cada persona”, explica.
Entre los aspectos positivos asociados a este periodo se encuentran el afecto, la comunión y el sentimiento de pertenencia. Por el contrario, cuando existe una imposición de convivencia con familiares con los que no hay afinidad, la ausencia de personas queridas o la presión social, el impacto emocional tiende a ser negativo. Bez destaca además que los regalos deben entenderse como gestos simbólicos de cariño —y no como demostraciones económicas—, lo que ayuda a reducir frustraciones y exigencias típicas de estas fechas.
Detonantes emocionales más frecuentes en Navidad
La nostalgia, los recuerdos de seres queridos, la sensación de exclusión y las comparaciones sociales figuran entre los detonantes emocionales más comunes durante la Navidad. Aunque están presentes a lo largo del año, estas emociones se intensifican en fechas señaladas. Según Bez, este fenómeno es conocido como “depresión con hora marcada”, cuando sentimientos reprimidos o no elaborados emergen con mayor fuerza en momentos específicos del calendario.
Comparar la propia realidad con la de otras familias —como observar a amigos o vecinos que conservan estructuras familiares completas— puede acentuar el sufrimiento emocional. La recomendación del especialista es evitar estas comparaciones y centrar la atención en la propia trayectoria, respetando límites y vivencias personales.
Soledad y preparación emocional
La soledad es uno de los sentimientos más frecuentes al final del año. Incluso personas con estabilidad profesional y financiera pueden experimentar angustia ante la ausencia de figuras afectivas que marcaron Nochebuenas y Navidades pasadas. Bez subraya que la preparación emocional a lo largo del año, preferiblemente con acompañamiento psicológico, es fundamental para evitar que estas fechas desencadenen síntomas psicosomáticos, como alteraciones de la presión arterial, taquicardias y crisis de ansiedad.
Convivencia familiar y prevención de conflictos
Para reducir tensiones en reuniones familiares, la recomendación es adoptar una postura preventiva: evitar temas polémicos, discusiones recurrentes y el consumo excesivo de alcohol en casos de impulsividad. Cuando la convivencia con personas evitadas es inevitable, la estrategia indicada es la llamada “evasión psicológica”, que consiste en cambiar de tema, interactuar con otros invitados y no ceder ante provocaciones.
Duelo y ausencia de seres queridos
El duelo suele adquirir mayor intensidad durante la Navidad. Prácticas como la soledad consciente —estar con uno mismo sin aislamiento emocional— y la recuperación intencionada de recuerdos positivos pueden ayudar a atravesar este periodo con menos dolor. “Permitir que los recuerdos existan sin convertir la nostalgia en un sufrimiento constante forma parte del proceso de maduración emocional”, afirma.
La presión por la “Navidad perfecta”
Otro factor que contribuye al malestar emocional es la presión social por una “Navidad perfecta”. Según Alexander Bez, la idealización excesiva genera frustración y ansiedad. “La perfección no existe. Comprenderlo alivia de forma significativa la carga emocional”, señala. Respetar los límites personales —incluidos los financieros— y resignificar expectativas es fundamental. Experiencias sencillas, como un momento afectivo en casa, pueden generar más confort emocional que celebraciones idealizadas.
El autocuidado como estrategia de equilibrio
Durante las festividades, las prácticas básicas de autocuidado marcan la diferencia: mantener una alimentación equilibrada, una buena rutina de sueño, realizar ejercicio físico y evitar excesos contribuyen directamente a la salud mental. Cuidar la apariencia, buscar autenticidad, respetar los propios límites y alejarse de entornos o personas que favorezcan conflictos también son medidas recomendadas.
Psicología que se transforma en literatura
Alexander Bez trabaja en la intersección entre la ciencia y un lenguaje accesible. Autor de 10 libros publicados en Brasil y en el extranjero, transita entre novelas, obras de autoayuda y estudios sobre el comportamiento humano. Entre sus títulos se encuentran:
- Envidia: el Enemigo Oculto
- Lo que Era Dulce se Volvió Amargo — conocido como “la Biblia de las Relaciones”
- Trilogía Encantos de la Mujer (La Magia de la Belleza Femenina y La Pasión y sus Encantos, Editorial Juruá)
- What You Don’t Know About COVID-19 – The Mortal Virus (EE. UU.)
- Scientific Denialism – COVID-19 Vol. 2
- La Magia de la Sensualidad Femenina
- La Secta Sexual de Puff Daddy (Diddy): Fama, Poder y Dinero (en producción en Estados Unidos)
Para el psicólogo, las relaciones saludables constituyen uno de los principales factores de protección emocional. “El aislamiento es un terreno fértil para la ansiedad. El contacto humano nos devuelve sentido, equilibrio y fuerza para seguir adelante. Necesitamos afecto, escucha y conexión”, concluye.
Más información en Instagram: @alexanderbezoficial

