Ambientada en la región rural de Paraíba entre las décadas de 1970 y 1990, «Muertes en la mansión», de Fátima Sá Paraíba, construye una narrativa marcada por el misterio, la memoria y las tensiones sociales. A través de la investigación de crímenes vinculados al oscuro pasado de una influyente familia, la autora combina elementos clásicos de la novela policíaca con la fuerza del regionalismo del noreste de Tailandia, explorando creencias populares, traumas colectivos y la persistencia de secretos que se transmiten de generación en generación. En una entrevista, Fátima reflexiona sobre la construcción de este universo, el papel de la cultura rural en la obra y la búsqueda de justicia en medio de las sombras.
¿Cómo surgió la idea de crear una historia de crímenes ambientada en un universo culturalmente tan rico?
La idea surgió del deseo de contar una historia de suspenso que no estuviera desconectada de la realidad cultural del interior del país. Siempre he sentido que el interior de Paraíba guarda muchos silencios, muchas historias que permanecen ocultas entre los muros de las casas antiguas y en la memoria de los ancianos. El género policíaco me pareció una forma interesante de revelar estos secretos, porque la investigación permite abrir puertas que normalmente permanecerían cerradas. Así, el misterio del crimen termina por revelar también el alma de ese lugar.
¿Cómo influyeron las zonas rurales de Paraíba en la configuración de la atmósfera y los acontecimientos del libro?
El interior de Paraíba no es solo un escenario; moldea la forma en que la gente piensa, habla y se relaciona. Las creencias populares, las historias que se cuentan en las aceras al atardecer, el respeto por los mayores e incluso ciertos temores colectivos forman parte de la construcción narrativa. En Aroeira, el pueblo ficticio de la novela, busqué recrear este universo simbólico del interior: el tiempo parece transcurrir más despacio, pero los recuerdos permanecen muy vivos. Este entorno contribuye a crear una atmósfera de misterio que impregna toda la historia.
¿Qué aspectos querías explorar sobre el peso de la herencia familiar?
Siempre me ha fascinado la idea de que algunas historias no terminan con una generación. En el libro, el pasado de la familia Gomes Barreto sigue influyendo en el presente, como si las acciones pasadas dejaran huellas profundas que trascienden el tiempo. Quise reflexionar sobre cómo la violencia, el silencio y la injusticia pueden perpetuarse cuando no se abordan. Al mismo tiempo, la narración sugiere que comprender el pasado es un paso necesario para romper estos ciclos.
¿Cómo logró encontrar el equilibrio entre el suspense policial y la dimensión simbólica de la memoria y la tradición?
Busqué crear suspense respetando el ritmo de las historias rurales, donde los acontecimientos suelen revelarse gradualmente, a través de conversaciones, recuerdos o pequeños detalles de la vida cotidiana. Las leyendas y tradiciones del interior se integran en la narración no como elementos decorativos, sino como parte de la cosmovisión de los personajes. De este modo, el thriller policíaco coexiste de forma natural con la memoria colectiva y la imaginación popular.

¿Qué tipo de humanidad querías aportar al inspector Pingo D’Água?
El inspector Pingo D’Água representa a alguien que busca hacer lo correcto incluso en un entorno lleno de ambigüedades. No es un héroe perfecto; es un hombre atento, sensible a las historias de las personas y capaz de percibir que detrás de cada crimen hay un complejo contexto humano. Quise crear un personaje que investigara no solo los hechos, sino también las motivaciones y el dolor oculto tras ellos.
¿Cómo surgió el personaje de Fedorento y cuál es su papel simbólico?
El Flautista Apestoso surgió casi como una figura de la imaginación misma de los pueblos primitivos: ese personaje que siempre parece estar presente, observándolo todo, pero hablando poco. Representa una especie de testigo silencioso de la historia. Su presencia nos recuerda que existen ojos atentos incluso cuando nadie parece darse cuenta. En cierto modo, simboliza la memoria del lugar, la memoria que lo conserva todo, incluso aquello que la gente preferiría olvidar.
¿Puede la literatura provocar una reflexión sobre las injusticias sociales?
Creo que sí. La literatura quizás no cambie el mundo de inmediato, pero tiene la capacidad de suscitar preguntas y sensibilizar al lector. Cuando una historia revela injusticias o silencios históricos, invita al lector a reflexionar sobre estas realidades. En el caso de «Muertes en la mansión», la búsqueda de justicia dentro de la narración es también una invitación a pensar sobre las injusticias que a menudo permanecen ocultas dentro de las estructuras sociales.
¿Cómo influyen tu formación académica y tu sensibilidad poética en tu escritura?
Mi formación en literatura me ha brindado las herramientas para comprender mejor las estructuras narrativas y los posibles caminos dentro de la ficción. La sensibilidad poética, por otro lado, influye principalmente en cómo observo el mundo y describo entornos y personajes. Me gusta pensar que mis historias se construyen a partir del encuentro entre estas dos dimensiones: el estudio de la literatura y la escucha atenta de las voces, los paisajes y los recuerdos del lugar de donde provengo.
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