En la novela «El ejecutivo y el limpiabotas», Edson Sprigigo construye un encuentro insólito que transforma destinos y provoca profundas reflexiones sobre el éxito y el propósito de la vida. La obra sigue a Pedro Luis, un ejecutivo exitoso que, a pesar de sus logros, vive con un creciente vacío, y a José, un limpiabotas que encuentra plenitud en la fe, la familia y las pequeñas cosas. Partiendo de un simple diálogo en una plaza, el autor desarrolla una narrativa filosófica que contrapone la ambición y la satisfacción, invitando al lector a repensar los valores, las prioridades y lo que realmente da sentido a una vida plena.
La historia comienza con un encuentro aparentemente sencillo —lustrar zapatos en el parque— que termina convirtiéndose en un momento de profunda transformación. ¿Cómo surgió la idea de construir una narrativa tan significativa a partir de una situación cotidiana?
En el modesto pueblo donde vivo, durante mi infancia y adolescencia, era bastante común encontrar trabajo como limpiabotas. Al igual que los taxistas y los conductores de servicios de transporte compartido, también disfrutaban de una buena conversación. Mientras trabajaban, los limpiabotas me recordaban ese momento especial de la vida con Jesucristo. Así surgió la idea del libro.
Pedro Luís y José representan visiones del mundo muy diferentes: uno impulsado por la ambición y el otro por la sencillez y la fe. ¿Qué te motivó a poner en diálogo estos dos universos dentro de una misma historia?
Con un discurso convincente, incluso con su escasa formación, José, el limpiabotas, logra transmitir con sencillez valores familiares y otros conocimientos adquiridos a lo largo de su vida. Le transmite a Pedro Luis estos mensajes que el Ejecutivo no percibe en su día a día.
A lo largo de la novela, el éxito profesional del protagonista parece ir de la mano de un creciente vacío emocional. En tu opinión, ¿por qué tantas personas terminan experimentando este sentimiento incluso después de haber alcanzado lo que siempre desearon?
Porque no sabían cómo equilibrar lo que era mejor para su familia, que es el pilar fundamental. Creo que si la gente solo busca ascensos y reconocimientos sin beneficiar a los demás, olvidándose de quienes la rodean, ya sea caminando por la calle o en cualquier otro lugar, se sentirán aislados de la multitud. Se sentirán perdidos porque no han desarrollado empatía por sus vecinos.
El personaje de José João Marcelino da Silva demuestra una felicidad genuina basada en valores como la familia, la fe y la solidaridad. ¿Cómo construiste este personaje para que funcionara como contrapunto del ejecutivo?
Me inspiraron mis abuelos y, sobre todo, mis padres, quienes, a pesar de las dificultades, lograron brindarnos todo lo necesario, tanto emocional como material, para que mis hermanos y yo pudiéramos afrontar con dignidad los retos que nos imponía la sociedad. Todo esto sabiendo que Dios nunca nos abandona, pero que también debemos poner de nuestra parte.

El libro presenta reflexiones filosóficas y espirituales sobre la ambición, el propósito y la realización personal. ¿Te diste cuenta en algún momento del proceso de escritura de que la historia también resonaba con experiencias o observaciones personales de la vida real?
A lo largo del desarrollo de la historia, inspirándome en mi imaginación y mis vivencias, surgieron recuerdos y sucesos de los que había oído hablar a conocidos. Comencé a preguntar a personas cercanas sobre acontecimientos peculiares de sus vidas, incluyendo situaciones reales o ficticias que ya estaban previstas para ciertos capítulos.
La ambientación en un país ficticio, «Trece Carabelas», crea cierta distancia con la realidad inmediata. ¿Por qué elegiste este escenario imaginario para contar una historia que aborda temas tan universales?
Creé Treze Caravelas por dos razones: primero, por la burocracia que implica nombrar espacios públicos, como plazas, centros comerciales, iglesias y marcas de productos y empresas; segundo, por la libertad literaria que tengo para crear un mundo imaginario, lo que me permite desarrollar tramas y compartir historias reales (o ficticias) de forma anónima con los lectores.
Dado que esta es tu primera novela, ¿cómo fue el proceso de transición de escribir cuentos cortos a una narración más extensa y reflexiva como «El ejecutivo y el limpiabotas»?
El proceso fue gradual. Incluso antes de que comenzara enAcademia de Letras de OrleansYa escribía relatos cortos, siempre buscando una identidad propia y un estilo que transmitiera mensajes positivos. Con el tiempo, comencé a escribir crónicas sobre diversos temas, que, cuando era necesario, eran evaluadas por expertos en la materia, como mi hermano (fallecido), profesor de Filosofía. De una de estas crónicas surgió la novela, que comienza con la concepción del protagonista.
Al seguir la transformación interior del protagonista, ¿qué tipo de reflexión espera provocar en los lectores sobre el verdadero significado del éxito y la felicidad?
Antes de llegar a una conclusión, haré una comparación entre el protagonista y mi propia experiencia de vida. Sufrí de mucha ansiedad desde la infancia hasta poco antes de cumplir los 30. Esto dificultó mi desarrollo profesional. No veía la luz al final del túnel. El cambio en mi vida profesional y en otros aspectos comenzó en 1998, cuando inicié un tratamiento con un psicólogo. En tan solo cuatro sesiones, me había transformado por completo. Creo que nuestra vida no es efímera. Respetando nuestras limitaciones psíquicas, físicas y económicas, todos tenemos (al menos) un objetivo: ¡hacer el bien a los demás!
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