La pastora Bianca Franco lanza Aprovada, publicada por Editora Vida, donde comparte cómo superó el trauma del rechazo y las relaciones abusivas al encontrar aceptación en la Palabra de Dios. El libro ofrece estrategias prácticas y espirituales para ayudar a otras mujeres a sanar heridas emocionales, fortalecer la autoestima y romper ciclos de dolor, destacando que la verdadera aprobación viene de Cristo.
Su viaje en Approved es profundamente personal y está marcado por intensos desafíos emocionales. Al revisitar estas experiencias para escribir el libro, ¿enfrentó momentos de resistencia interna o de dolor que casi le impidieron continuar?
Sí, revivir ciertos recuerdos fue difícil y requirió coraje. Escritura Aprobada – Sanar del rechazo fue como volver a cruzar valles emocionales que todavía, en ese momento, resonaban dentro de mí. Pero incluso en medio de estos recuerdos del pasado, Dios me recordó que mi historia sería un puente hacia la sanación para otras mujeres.
Mencionas que la búsqueda de aceptación en relaciones abusivas era un reflejo de la privación emocional experimentada en la infancia. ¿En qué momento te diste cuenta que necesitabas romper ese ciclo y que la verdadera aceptación estaba en Dios?
El momento en que entendí que ninguna relación podría cumplir lo que sólo Dios podía. Lo que buscaba en las personas o incluso en mis padres, sólo lo podía encontrar en la comunión con el Creador. Allí, de hecho, comenzó mi proceso de liberación hasta el día en que recibí la sanación completa.
En el libro se habla de la importancia del perdón para superar patrones tóxicos. Perdonar es un proceso difícil para muchas personas. ¿Qué consejo le darías a alguien que siente que el perdón es imposible ante ciertos dolores?
Primero que todo, necesitas entender qué es realmente el perdón. Mucha gente cree que perdonar significa olvidar lo sucedido o fingir que el dolor no existió, pero ese no es el caso. Perdonar es un acto de valentía y, por supuesto, también de fe. Es reconocer que algo nos hizo daño, sí, pero decidir no vivir más prisioneros de ese dolor. El primer paso no es intentarlo solo, independientemente, sino reconocer la limitación y decir con sinceridad: «Señor, no puedo, pero estoy dispuesto. Ayúdame». El perdón no es un sentimiento, es un proceso que comienza con una decisión. Dios no espera que estemos listos, Él espera que estemos dispuestos. Y cuando damos ese paso, incluso con nuestros corazones todavía hechos pedazos, Él nos da gracia. Perdonar es renunciar al derecho de exigir cuentas a quienes nos hicieron daño, incluso si tenemos razón, incluso si hay justificaciones. Significa dejar de exigir justicia con nuestras manos y confiar en que el Señor, nuestro justo Juez, se encargará de todo. El perdón no cambia el pasado, pero libera nuestro futuro.
La conferencia inspirada en Approved reúne a miles de mujeres cada año. ¿Qué tipo de transformación has presenciado en los participantes después de este encuentro con Dios y con su propia identidad?
Es difícil expresarlo con palabras. Lo que allí ocurre va más allá de la programación. Veo mujeres que llegan con el corazón hecho pedazos, ocultas tras máscaras, tomadas por una presencia que desarma defensas y toca donde nadie más ha podido tocar. La Conferencia Aprobada ha sido realmente un encuentro entre el Cielo y la Tierra. Hemos visto ojos que una vez estaban pesados comenzar a brillar nuevamente. Muchas voces que durante años habían permanecido silenciadas se alzan con firmeza y autoridad, siendo profetas de sus propias historias. Las lágrimas cayeron sobre el altar y, en lugar del dolor, Dios entrega ropa nueva y una identidad restaurada. No es sólo un acontecimiento, es un punto de inflexión para muchas mujeres. Y una mujer restaurada es una casa en pie, una casa en pie con autoridad transforma una sociedad.
La necesidad de validación es algo muy presente en la vida de muchas mujeres. ¿Cómo cree usted que la comunión con el Espíritu Santo puede ayudar a alguien a liberarse de esta búsqueda constante de aprobación externa?
Es en la comunión con Dios que encontramos claridad e identidad. Cuando nos acercamos y tenemos comunión con Jesús, las voces externas pierden fuerza y la Suya se convierte en la única voz que realmente importa. La necesidad de aprobación está siendo reemplazada por una convicción sobrenatural: una convicción de que fuimos amados antes de ser vistos, elegidos antes de ser notados, aprobados no por lo que hacemos sino por quienes realmente somos. Porque quien sabe que es hija ya no vive para la aceptación: vive para la identidad. Y la identidad establecida en el Espíritu no depende del escenario, del reconocimiento, de las recompensas humanas o de los aplausos. Sólo depende de una voz. La voz de Jesús que nos llama cada día por nuestro nombre.
Situaciones como el abandono, el abuso y la traición dejan profundas huellas en la autoestima. ¿Cómo cree que es posible reconstruir un sentido de valor personal cuando el pasado todavía parece pesar sobre la identidad de una persona?
La curación no ocurre por accidente: requiere intencionalidad. Es un camino con Dios en el que la realidad bíblica de la Palabra confronta la mentira y comienza a dar un nuevo sentido al dolor. El pasado puede haber dejado marcas, pero cuando se exponen a la luz del Espíritu, estas marcas se convierten en testimonios. Dios no borra la historia, la transforma. Aquello que fue usado para herir, Él recalcula la ruta para sanar. Lo que parecía el final, en las manos de Jesús se convierte en un nuevo comienzo. Reconstruir tu autoestima es permitir que la voz de Dios hable más fuerte que cualquier trauma, rechazo o etiqueta del pasado.
En Aprobado, ofreces estrategias espirituales y prácticas para romper ciclos de dolor. Para alguien que recién comienza este viaje de sanación, ¿cuál sería el primer paso esencial para comenzar esta transformación?
El primer paso es reconocer que existe dolor y dejar de ocultarlo. Mientras intentamos aparentar que todo está bien, no hay manera de encontrar una cura. Pero cuando tenemos el coraje de decir: “Estoy herido y necesito ayuda”, algo comienza a romperse dentro de nosotros. Las cadenas invisibles comienzan a desenredarse en el simple acto de ser honesto con Dios. A veces lo único que podemos decir es: “Señor, ayúdame”. Y eso es suficiente. Dios no exige fuerza, exige entrega. Hay sanación en la vulnerabilidad. Piénsalo de esta manera: si alguien tiene una enfermedad, el primer paso es hacer una cita, explicar dónde le duele y dejar que el médico investigue. Sólo entonces comienza el tratamiento. Con Dios es lo mismo. Él es el Doctor, pero también es el Padre. Él no invade. Dios no sana lo que ocultamos, Él sana lo que damos. Y aunque parezca pequeño, ese primer paso es en realidad el más poderoso de todos. Porque ahí es donde realmente el viaje comienza de nuevo.
Su testimonio ha impactado a miles de personas en las redes sociales y en su iglesia. ¿Hay alguna historia o momento memorable de alguien que fue transformado por el mensaje de Aprobado – La Cura para el Rechazo, que le conmovió de una manera especial?
Sí, muchos. Pero lo que más me conmueve son esas mujeres que me dicen: «Pensé que era solo yo. Pensé que estaba sola, que lo que vivía era exclusivo, como si todo el mundo estuviera en mi contra». Y luego, cuando leen Aprobado: La cura del rechazo , encuentran fuerza. Se sienten vistos. Entienden que no son una causa perdida y que Dios también puede hacer algo con ellos. El dolor que una vez me paralizó, al entregárselo a Dios, se convirtió en una respuesta para alguien. Esto me recuerda que Dios trabaja en los detalles, entre líneas, en los días ordinarios, en momentos en los que ni siquiera imaginamos que estamos siendo utilizados. Estos testimonios enseñan que nuestra obediencia tiene un destino. Que lo que vivimos, incluso las cosas dolorosas, no fue en vano. Cuando una mujer despierta a su identidad y entiende que es aprobada por un Dios que conoce toda su historia y aún así la llama su hija… eso cambia todo.
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