Los procedimientos cosméticos nunca han sido tan comunes en las redes sociales. Los videos de aplicaciones, los vistazos tras bambalinas de los tratamientos y el contenido que promete resultados rápidos se multiplican a diario, transformando los tratamientos médicos en entretenimiento digital. Pero detrás de la estética viral se esconde un riesgo que no siempre aparece en pantalla.

La infectóloga Giovana Tiezzi, experta en bioseguridad y seguridad sanitaria, advierte que la exposición indiscriminada de procedimientos y la normalización de prácticas inadecuadas han creado una falsa sensación de seguridad entre pacientes y profesionales.

“Cuando el procedimiento se convierte en contenido, el riesgo es que la técnica se trivialice y la bioseguridad pase a un segundo plano”, explica.

Según la doctora, es cada vez más común ver clínicas que exhiben materiales desechables, jeringas, agujas y suministros como parte de la escenografía de los videos, a menudo fuera del embalaje adecuado o almacenados incorrectamente. En algunos casos, estos artículos incluso se utilizan como elementos decorativos, lo que representa un grave error sanitario.

“Los materiales desechables no forman parte del entorno. Forman parte de un protocolo riguroso de uso único, almacenamiento controlado y eliminación adecuada”, enfatiza.

La especialista destaca que la estética, aunque a menudo se considera un procedimiento simple, conlleva riesgos biológicos reales. Pueden producirse infecciones, contaminación cruzada y eventos adversos siempre que se produzca una ruptura de la barrera cutánea, independientemente del tamaño de la clínica o del coste del procedimiento.

Otro punto de atención es la influencia directa de las redes sociales en la decisión del paciente. La estética visual del entorno y la popularidad del profesional a menudo se priorizan sobre criterios técnicos y de seguridad.

“Un entorno bello no es sinónimo de un entorno seguro”, advierte la doctora.

Para la Dra. Giovana Tiezzi, es urgente recuperar el concepto de que la bioseguridad no es un celo excesivo, sino un pilar esencial de una atención de calidad. La formación continua, los protocolos bien definidos, el control de infecciones y la responsabilidad ética deben adaptarse a la evolución del mercado estético.

«La modernización de la estética debe ir de la mano de la madurez sanitaria. De lo contrario, lo que debería promover el bienestar puede generar daños silenciosos y duraderos», concluye.

Share.