En «¿Por qué?» De víctima a vencedora, Lourdes Thomé sigue la trayectoria de Cristine, una mujer que supera el acoso escolar, el trauma, relaciones marcadas por la violencia y trastornos familiares antes de empezar de cero en Estados Unidos. Con el ritmo de una serie dramática y una emoción intensa, el libro transforma una serie de reveses y desplazamientos en una narrativa de reconstrucción, en la que la protagonista reinterpreta el pasado, reevalúa vínculos emocionales y aprende a sobrevivir —y a vencer— cuando el destino parece imponerle lo contrario.

El título «¿Por qué?» ya conlleva una pregunta existencial muy fuerte. ¿En qué momento de tu trayectoria —personal o creativa— esta pregunta empezó a tener más sentido que cualquier respuesta preconcebida?

Tras terminar mi vida laboral, comencé a reflexionar sobre mi trayectoria, cuestionando decisiones, errores y la posibilidad de cambio. En el proceso de selección, con varios puestos, la pregunta predominante fue «¿Por qué?». Es una pregunta normal en nuestras vidas. El lector probablemente se identificará con estas preguntas. Me entregué por completo a estas indagaciones. Las respuestas no siempre existen, o no siempre son como esperamos. Quizás se necesite aceptación y comprensión.

Cristine atraviesa situaciones extremadamente dolorosas, como acoso escolar, violencia y relaciones forzadas. En algún momento del proceso de escritura, ¿sintió la necesidad de «proteger» al personaje, o creyó que era precisamente la confrontación con el dolor lo que la haría más humana?

El desarrollo del personaje se inspiró en una persona real, fuerte y resiliente. Enfrenta el dolor y las experiencias que la llevan a la madurez y a la búsqueda de soluciones, alejándose de las exigencias familiares. La maternidad y la amistad son fuerzas esenciales en su transformación. Disfruté de los desafíos y las victorias de Cristine, así como de su proceso de transformación y adquisición de seguridad emocional. Enfrentar el dolor la hizo más fuerte, más humana, permitiéndole superar el trauma y, en el proceso, transformarse de víctima a vencedora.

La narrativa muestra cómo los traumas de la infancia siguen resonando en la edad adulta. Para usted, ¿qué heridas tienden a sanar con el tiempo y con cuáles simplemente aprendemos a vivir?

Los prejuicios y las discapacidades físicas pueden sanar, siempre que se traten, se acepten o se les dé un nuevo significado, y se aprenda a vivir con las cicatrices emocionales. Sin embargo, es necesario evitar que la amargura prevalezca. Este es un camino para superarlas. En la historia, existe un elemento llamado destino, donde «lo que nos está destinado encontrará la manera de alcanzarnos» (frase de Chico Xavier).

Mudarse a Estados Unidos se considera un intento de romper ciclos sociales y emocionales. ¿Crees que cambiar de residencia realmente te transforma?

Todos tenemos sentimientos latentes, verdades ocultas, cosas que no compartimos; estos constituyen nuestros secretos. La transformación ocurre cuando estamos dispuestos a aceptarnos con nuestras características físicas y emocionales, y depende de nosotros modificarlas. Un cambio de ubicación puede ser un escape al principio, cuando necesitamos distanciarnos de lo que nos afecta, de lo que nos duele. Puede verse como un retiro, una pausa, un tiempo de descanso, aunque llevemos nuestros sentimientos con nosotros. Sin embargo, para nuestra plenitud, es necesario enfrentar lo que nos duele; sin embargo, esto sucede gradualmente, y cuando estamos listos, aceptamos las emociones y sus consecuencias. Para el personaje, el cambio y el tiempo fueron necesarios para sanar las heridas y aceptarse como una persona completa y competente. «Lo que no vemos, el corazón no siente» significa que uno puede alejar los malos recuerdos hasta que esté listo para enfrentarlos.

A pesar de su tono dramático, la historia evita simplificaciones morales. Ni las víctimas ni los victimarios son unidimensionales. ¿Fue un reto escribir personajes tan contradictorios sin juzgarlos?

La obra profundiza en la evaluación y el manejo del dolor, y en el significado que se le puede dar al viaje. Los personajes son imperfectos, y el reto fue guiarlos hacia los ajustes necesarios, para que comprendieran que fueron víctimas de una conspiración maliciosa y que el grave error fue involuntario. Es necesario analizar la causa raíz del suceso; el error solo ocurre en los fracasos repetidos. La trama implica perdón: perdón por los errores ajenos y, lo más difícil de todo, perdón a uno mismo.

Rafael y Malu representan, de distintas maneras, las consecuencias del silencio y la distancia dentro de una familia. ¿Qué te interesó más al explorar estas relaciones: el peso del pasado o la posibilidad de reconstrucción?

Ambos. El pasado constituye una experiencia que moldea nuestra personalidad; sin embargo, la reconstrucción es posible. Soy optimista y considero que la esperanza es un sentimiento fuerte y necesario para el equilibrio de la experiencia humana. Otro tema importante que se aborda en la trama es la familia. Los personajes imperfectos, tras madurar, buscaron apoyo en sus familias. La madre de Cristine, en cierto momento, comienza a desempeñar un papel importante al aconsejar a su hija. Regresó para atender las necesidades familiares. Su hija Malu deseaba una familia completa, y Rafael, sintiéndose vacío, buscó recuperar el tiempo perdido a través del vínculo paterno.

A medida que el lector sigue el crecimiento de Cristine a lo largo de los años, se da cuenta de que ganar no siempre significa «superarlo todo», sino seguir adelante a pesar de las cicatrices. ¿Qué define, para usted, esta transición de víctima a vencedora?

Hay marcas que no se pueden borrar; permanecen en la memoria. Las aceptamos y las reinterpretamos, modificando nuestra forma de analizar los hechos. Perdonar no es olvidar, sino aceptar y comprender.

El personaje comprendió que su historia personal era inmutable, pues formaba parte de su identidad. Vivir con resentimiento y amargura perjudica a quienes albergan estos sentimientos y les impide experimentar cosas nuevas. El destino fue tan poderoso que unió a la pareja inesperadamente. A partir de entonces, cada uno tomó su propia decisión.

Si el libro incita a los lectores a preguntar «¿por qué?», ​​¿hay otra pregunta que espera que se lleven consigo después de la última página?

Más que preguntar «¿por qué a mí?», la obra invita a reflexionar sobre cómo actuar ante el dolor, cómo perdonar y seguir adelante. Somos responsables del sentido que le damos a nuestro camino.¿Pretendo ser víctima o vencedor? Invito a los lectores a reflexionar sobre sus propias vidas y sus desafíos. Somos responsables del significado que le damos a nuestro camino. El perdón más grande y difícil es el que nos otorgamos a nosotros mismos. La vida es causa y efecto. Doy y recibo a cambio.

Sigue a Lourdes Thomé en Instagram

Share.